La mejor selección de frases celebres de Arturo Pérez Reverte  en imágenes y texto.

En continua actualización para ofrecerte más y mejor.  

Te dejo con las frases celebres en imágenes tras los datos de Arturo Pérez Reverte.

Y al final las tienes en formato lista.

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¿QUIEN FUE ARTURO PÉREZ REVERTE

Periodista y reportero de guerra para TVE. Estando en casi todos los conflictos bélicos de los años 80 y 90 del siglo pasado.

Ahora escritor de best Sellers como Las Aventuras del Capitán Alatriste o su ultimo libre de la serie Falcó Sabotaje.

 

 

 

Mienbro de la Real Academia de la Lengua.

Nombre de Nacimiento:

Arturo Pérez-Reverte Gutiérrez Ver y modificar los datos en Wikidata

Fecha de Nacimiento:

El 25 de noviembre de 1951

Lugar de Nacimiento:

En Cartagena, España.

LAS MEJORES FRASES

DE ARTURO PÉREZ REVERTE EN IMÁGENES:

BIOGRAFÍA:

Te dejo el enlace a la biografía de Arturo Pérez Reverte en la wikipedia.

LOS LUGARES PRINCIPALES EN LA VIDA DE ARTURO PÉREZ REVERTE :

Lugar de nacimiento: Cartagena, España.

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LAS MEJORES CITAS CÉLEBRES DE ARTURO PÉREZ REVERTE EN TEXTO:

  1. ¿Alguien puede decirme qué diantre es eso?
  2. ¿Contradictorio? Esto es España, querido amigo. Sólo es una faceta más del poliédrico disparate.
  3. ¿Han podido las naciones, a no faltarles el juicio, conferir a los que hacen depositarios de sus derechos el de hacerlos constantemente desgraciados?
  4. ¿No es mejor echarse en brazos de una naturaleza ciega, desprovista de sabiduría y objetivos, que temblar toda la vida esclavizados por una supuesta Inteligencia Todopoderosa, que ha dispuesto sus sublimes designios para que los pobres mortales tengan la libertad de desobedecerlos, y convertirse así en continuas víctimas de su cólera implacable?
  5. ¿No se sintió nunca como uno de esos peones de ajedrez pasados, que se olvidan en un rincón del tablero y oyen apagarse a su espalda el rumor de la batalla mientras intentan mantenerse erguidos, preguntándose si queda en pie un rey al que seguir sirviendo?
  6. ¿Tanta importancia dais al valor? —A veces es lo único que queda —respondió con sencillez el capitán—. Sobre todo en tiempos como éstos, cuando hasta las banderas y el nombre de Dios sirven para hacer negocio.
  7. ¿Te acuerdas de la María Fernanda? Asiente Raposo, guasón. —Nos acordamos yo y media España.
  8. ¿Y es cierto eso que dicen? ¿Que el carácter de una mujer se muestra con más sinceridad cuando baila?
  9. A esta edad hay más historias por escribir que tiempo para ocuparse de ellas. Elegir una implica dejar morir otras. Por eso es necesario escoger con cuidado. Equivocarse lo justo.
  10. A fin de cuentas, se consoló, por mucho que duela y tardes en morir, al final siempre te mueres. Y quien muere, descansa.
  11. A la fuerza se acababa aprendiendo, por supuesto. El problema era que, en aquel tiempo y circunstancias, podía no llegarse a vivir lo suficiente para aprender un carajo.
  12. A medida que transcurría el tiempo, se afirmaba en la certeza de que el mundo y la vida eran más fáciles de entender a través de un libro.
  13. A mí no me mueve el amor por la humanidad, sino el desprecio hacia ella.
  14. A poco que vivas, la vida les quita la letra mayúscula a palabras que antes escribías con ella: Honor, Patria, Bandera.
  15. A unas calles bajas de esta ciudad donde lo fastuoso de la urbe se entenebrece ante la sordidez de la vida de los más desfavorecidos, donde toda necesidad tiene su ejemplo y todo vicio su triste manifestación.
  16. Acudiendo a la cita como la mayor parte de las mujeres acudían a la primera cita: más por curiosidad y desafío que por deseo.
  17. Además de la ropa cara, los cigarrillos ingleses, los objetos de plata y de cuero, los analgésicos para el dolor de cabeza, la vida incierta y las mujeres hermosas, a Lorenzo Falcó le gustaban las cosas salpimentadas con detalles. Con solera.
  18. Ahí les tienen resignados a lo poco que tienen, se arrodillan, rezan y besan la mano de curas y príncipes porque sus padres, tan idiotas como ellos, les enseñaron a hacerlo… No son los tiranos los que hacen esclavos. Son los esclavos los que hacen a los tiranos.
  19. Al final a uno lo derrotan siempre. Creo que la derrota es algo inherente a la condición humana, al hecho de vivir y de pelear. Por mucho que venzas, siempre al final hay alguien que te derrota, siempre hay un Rocroi, por mucho que triunfes siempre hay un iceberg esperando al Titanic.
  20. Algo parecido a la Primavera de Vivaldi silbada por Jack el Destripador en plena faena. En tono bajito, casi íntimo.
  21. Algunos preferimos, supongo, los vicios que nos divierten a las virtudes que nos aburren.
  22. Anda y que te den por culo. —Hoy ya no tengo tiempo, galán.
  23. Apatía y resignación, son las palabras nacionales.
  24. Aquí pocas veces nos gobernó la razón. Solemos quemarla, fusilarla, meterla en la cárcel u obligarla al exilio. Casi siempre nos gobernaron las vísceras, el fanatismo, la incultura, los confesores del rey y de la reina, los sinvergüenzas, los criminales y los cobardes. Con la colaboración entusiasta o indiferente, cómplice por activa o pasiva, de sucesivas generaciones de ovejas encantadas de serlo. No es casual que todos nuestros tiranos, real o metafóricamente, mueran en la cama.
  25. Así podrá instruirse y estudiar leyes para sangrar de su último maravedí a los pleiteantes; como hacen vuestras mercedes los abogados, escribanos y otras gentes de mal vivir.
  26. Así, tras haber tenido buen número de amantes, una mujer debe considerarse afortunada si sabe convertir a alguno de ellos, el más inteligente, en un fiel y leal amigo.
  27. Bajo un dios injusto y temible, un devoto apacible es alguien que no ha razonado en absoluto.
  28. Barro, sangre y mierda. Eso era la guerra, eso era todo, Santo Dios. Eso era todo.
  29. Bendito el cura que la bautizó a usted, hermosa.
  30. Bien mirado, el mundo ha dejado de pensar en la muerte. Creer que no vamos a morir nos hace débiles, y peores.
  31. Cada cual tiene el diablo que se merece.
  32. Cada vez tienen más sitio los idiotas.
  33. Cambia mucho las cosas, en tal sentido, recorrer la Mancha con el Quijote en las manos, visitar Palermo habiendo leído El Gatopardo, pasear por Buenos Aires con Borges o Bioy Casares en el recuerdo, o caminar por Hisarlik sabiendo que allí hubo una ciudad llamada Troya, y que los zapatos del viajero llevan el mismo polvo por el que Aquiles arrastró el cadáver de Héctor atado a su carro.
  34. Claro que México es un narcoestado, cuando no hay alternativas hay dos tipos de hombres: aquel que se resigna a ser un siervo o esclavo en la milpa o el que decide que va a pelear hasta reventar para salir de eso. Y este último es el que hace las cosas: el que conquista América, el que lleva el narco, etcétera. Por eso tengo más simpatía por aquel que se arriesga y se la juega que por el hijo de puta que está detrás de un despacho, en Los Pinos o donde sea, no se juega nada y está a la hora de recibir el dinero fruto del beneficio de la operación.
  35. Código del escorpión: mira despacio, pica rápido y vete más rápido todavía.
  36. Como acaba de leer el señor secretario, se trata de elegir entre nuestros compañeros a dos hombres buenos.
  37. Como saben, me gusta recordar viejos episodios de nuestra Historia. Sobre todo si causan respeto por lo que algunos paisanos nuestros fueron capaces de hacer. O intentar. Situaciones con posible lectura paralela, de aplicación al tiempo en que vivimos. Les aseguro que es un ejercicio casi analgésico; sobre todo esos días funestos, cuando creo que la única solución serían toneladas de napalm seguidas por una repoblación de parejas mixtas compuestas, por ejemplo, de suecos y africanos. Sin embargo, cuando una de esas viejas historias viene a la memoria, concluyo que quizás no sea imprescindible el napalm. Siempre hubo aquí compatriotas capaces de hacer cosas que valen la pena, me digo. Y en alguna parte estarán todavía. Como estuvieron.
  38. Como ve, la incertidumbre corresponde al jugador, no a las reglas… De las infinitas trayectorias posibles de una bala, sólo una ocurre en la realidad.
  39. Con rusos y con mujeres nunca se sabe.
  40. Conocían en sus carnes que el servicio del rey nuestro señor era de harta exigencia a la hora de morir, pero de mal pago en la de seguir vivos.
  41. Creo en varias cosas. Que la mejor puñalada se da en la ingle, de abajo arriba. En guerreros silenciosos y mujeres valientes. Creo en quienes toda su vida procuran pensar como griegos, pelear como troyanos y morir como romanos. Creo en que todos morimos solos y a ciegas. Y que para hacerlo con dignidad se requiere un largo entrenamiento. Creo en las piedras viejas y en los cuadros oscuros y en los atardeceres rojizos sobre el mar. Y en parejas jóvenes que se besan. Y creo en algunas otras cosas que no le contaré nunca.
  42. Creo que el peor daño social es la ignorancia aliada con la estupidez y el poder. En España, independientemente de ideologías, esa trilogía letal se da con desagradable frecuencia. A algunos basta oírlos expresarse para comprender que, no es que no hayan ni hecho el Bachillerato, es que alardean públicamente de ello.
  43. Creo que en el mundo de hoy la única libertad posible es la indiferencia. Por eso seguiré viviendo con mi sable y mi caballo.
  44. Creo que España no debe pedir perdón. ¿Por qué? Se trata de otra España. Hubo un mestizaje histórico que se dio así, entonces no veo la razón de por qué pedir perdón, si acaso deberían pedirlo los abuelos de los mexicanos, que son más responsables que los míos.
  45. Creo que la Humanidad se divide básicamente en dos clases de personas: las que saben que van a morir, y las que prefieren no saberlo.
  46. Cualquier hombre cabal puede escoger la forma y el lugar donde morir, pero nadie elige las cosas que recuerda.
  47. Cuando hablan de celebrar el Bicentenario, yo creo que más que celebrar deberían conmemorar con una misa fúnebre, porque realmente en 200 añosmurieron muchas esperanzas de libertad, de progreso y de justicia y todavía siguen sin estar vivas esas esperanzas
  48. Cuando Héctor o Aquiles no tienen la suerte de morir en Troya, se convierten en Ulises intentando regresar a Ítaca bajo un cielo sin dioses, y llamándose Nadie para sobrevivir en la cueva del cíclope. Cualquier imbécil puede ser Héctor o Aquiles. Lo difícil es ser Ulises con una Troya ardiendo en la memoria. Ése es el héroe que me interesa, y con él escribo novelas. Quizá porque a mi edad soy más Ulises que Aquiles y yo también tengo sangre en las uñas y alguna Troya ardiendo a las espaldas. En realidad, todas mis novelas hablan sobre lo mismo: sobre ese Ulises, hombre o mujer, moviéndose por territorio hostil. Por territorio enemigo.
  49. Cuando veo todas esas camisas negras, pardas, rojas o azules, exigiendo que te afilies a esto o aquello, pienso que antes el mundo era de los ricos y ahora va a ser de los resentidos.
  50. Cuánto más peligro tiene un imbécil que un malvado.
  51. Cuerpo a cuerpo he de matalle donde Sevilla lo vea, en la plaza o en la calle; que al que mata y no pelea nadie puede disculpalle; y gana más el que muere a traición, que el que le mata.
  52. De vez en cuando el género humano necesite irse un rato al carajo. Irse bien ido, y que alguien dé un empujoncito para facilitar el viaje.
  53. Déjennos volver a España y que cada chucho se lama su propio órgano, mesié, dicho en fino, o sea.
  54. desconfíen siempre vuestras mercedes de quien es lector de un solo libro.
  55. Desde muy joven había aprendido, a costa de algunas rápidas desilusiones propias, una lección crucial: las mujeres se sentían atraídas por los caballeros, pero preferían irse a la cama con los canallas. Era matemático. —¿Te
  56. Desde siempre, ser lúcido y español aparejó gran amargura y poca esperanza.
  57. Después de todo, qué sería de nosotros sin nosotros mismos, pensaba. La vida es un naufragio, y cada uno echa a nadar como puede.
  58. Después, con el tiempo, aprendí que, aunque todos los hombres somos capaces de lo bueno y de lo malo, los peores siempre son aquellos que, cuando administran el mal, lo hacen amparándose en la autoridad de otros, en la subordinación o en el pretexto de las órdenes recibidas.
  59. Dormidos al borde de un abismo que los cortesanos y los oportunistas cubren de flores —concluye, casi poético.
  60. El capitán, seguro de no resistir mucho rato frente a cinco hombres armados y diestros en el oficio, decidió no andarse con lindezas de esgrima, y en vez de curar su salud procuró desbaratar la de sus enemigos.
  61. el deber de pelear cuando hay que hacerlo, al margen de la nación y la bandera; que, al cabo, en cualquier nacido no suelen ser una y otra sino puro azar. Hablo de empuñar el acero, afirmar los pies y ajustar el precio de la propia piel a cuchilladas en vez de entregarla como oveja en matadero. Hablo de conocer, y aprovechar, que raras veces la vida ofrece ocasión de perderla con dignidad y con honra.
  62. el día en pedir, y la noche en conceder. Es el marido quien debería influir en la mujer; pero como las tres cuartas partes de los hombres carecen de carácter, de fuerza y de dignidad, son ellas quienes se hacen cargo a menudo de las cosas… Aquí
  63. el dinero de los tontos es el patrimonio de los listos.
  64. El español es históricamente un hijo de puta.
  65. El español no es una lengua nacionalista, porque no es una seña de identidad para nadie; es plurinacional y multilingüe. A pesar de lo que dicen los estúpidos y los manipuladores, es una lengua generosa, abierta, donde cabe todo el mundo y donde cualquier variante documentada con rigor es incorporada.
  66. El éxito tiene un par de ventajas y algunos inconvenientes. Los inconvenientes me los callo, pero en cuanto a las ventajas podríamos citar dos: me da la independencia de vivir como quiero y decir lo que quiero, y los maitres me dan mejores mesas en los restaurantes.
  67. El heroísmo ajeno siempre conmueve una barbaridad.
  68. El hombre es infeliz porque ignora a la naturaleza. Incapaz de interrogarla de modo científico, no percibe que ésta, desprovista tanto de maldad como de bondad intrínsecas, se limita a seguir leyes inmutables y necesarias… O dicho de otra manera, que no puede actuar de modo distinto al que actúa. Por eso los hombres, en su ignorancia, se someten a hombres iguales que ellos: reyes, hechiceros y sacerdotes, a los que su estupidez los hace considerar dioses sobre la tierra. Y éstos aprovechan para esclavizarlos, corromperlos y volverlos viciosos y miserables.
  69. El hombre moderno se niega a aceptar las reglas: el mundo es un lugar peligroso, hostil, todo Titanic tiene su iceberg, y nos negamos a verlo. La gente se deja timar por las agencias de viaje que hablan de lugares paradisíacos, pero el mundo es un sitio muy jodido. Es que los barcos se hunden, y los virus te infectan, y las balas te matan… es asombroso que la gente se niegue a aceptar que el mundo es un lugar así, pero los viejos lo sabían y nosotros lo hemos olvidado. Mira el cuadro de Brueghel el Viejo del Prado: esos viejos lo sabían, y con nuestra estupidez lo olvidamos todo y pagamos el precio de ese olvido. Y oímos:
  70. El hombre tortura y mata porque es lo suyo. Le gusta.
  71. El hombre…, cree ser el amante de una mujer, cuando en realidad es sólo su testigo.
  72. El lector debe prepararse para asistir a las más siniestras escenas.
  73. El maestro debe inspirar al alumno temor y respeto. [… ] La admiración va incluida. El maestro es alguien superior que tiene un conocimiento superior y lo transmite a los alumnos. Ésa debe ser la base. A lo mejor ésta es una concepción que ya no tiene que ver con la realidad, pero es en la que creo. Hablamos de la educación de chicos que a los veinte años tienen que tener conocimientos elementales de su cultura, su historia, su entorno. Cualquiera que tenga un hijo en edad escolar tiene que estar subiéndose por las paredes, y no por las clases de religión, qué puñetas, sino por el desmantelamiento de la cultura en todos los órdenes.
  74. El más eficaz aliado de los sinvergüenzas siempre fueron los enjambres de tontos que hacen el trabajo sucio. Que les facilitan el trabajo.
  75. El mundo nunca supo tanto de sí mismo y de su naturaleza como ahora, pero no le sirve de nada. Siempre hubo maremotos, fíjese. Lo que pasa es que antes no pretendíamos tener hoteles de lujo en primera línea de playa… El hombre crea eufemismos y cortinas de huo para negar las leyes de la naturaleza. También para negar la infame condición que le es propia. Y cada despertar le cesta los doscientos muertos de un avión que se cae, los doscientos mil de un tsunami o el millón de una guerra civil.
  76. El peor mal del ser humano fue inventar la palabra. Mira si no los perros. Así de leales son porque no hablan.
  77. el principio es cierto: la debilidad sienta bien a una mujer, y nosotras lo sabemos. Nos interesa parecer delicadas y necesitadas del hombre.
  78. El problema al que me refiero es que no aceptamos que existe esa segunda parte, que la naturaleza algún día será naturaleza. Como dice Heine, un día el dios se despereza, estira los brazos y nos golpea. Viene el tsunami y el hombre se queda, no ante el horror, sino ante la realidad…Antes, el hombre sabía que la naturaleza tiene sus leyes. Ahora lo ignoramos y no queremos pagar el precio cuando llega el maremoto y la naturaleza dice «aquí estoy.
  79. El problema de las palabras es que, una vez echadas, no pueden volverse solas a su dueño. De modo que a veces te las vuelven en la punta de un acero.
  80. El pueblo no fue más que la infantería de Bolívar, la infantería de San Martín, la del cura Hidalgo… Gente desesperada, que lo sigue estando todavía. Durante 200 años el pueblo no ha ganado nada con la independencia; lo han ganado las clases dirigentes que estaban antes con los españoles y ahora sin los españoles, que es la misma. Nunca hubo una revolución real en América. Hubo una independencia económica y comercial de clases acomodadas, pero el pueblo siempre estuvo ausente.
  81. El seductor no lo es sino para la que quiere ser seducida, y la verdadera virtud puede conservarse intacta entre todo lo demás. El amor es ligero, volátil, y se esfuma con el aburrimiento… ¿Comprende lo que quiero decir?
  82. El ser humano es bestia torpe a la que no mueven los buenos sentimientos, sino el látigo. Para
  83. El ser humano ha olvidado que no tiene otro remedio que convivir con el espanto de la naturaleza, con la frialdad de la naturaleza, que es como el corte de un bisturí sobre una mesa de mármol. Eso está ahí. Los humanos nos hemos protegido de esa frialdad, nos hemos rodeado de una serie de amortiguadores, tratando de sobrevivir física e intelectualmente ante el hecho de que somos insectos bajo la bota de los dioses. ¿Qué pasa? Que ignorar esa realidad es una mentira. Si tú construyes una urbanización en una cañada, algún día bajará el agua por ahí. Aunque tarde siglos, bajará y se lo llevará todo. Entonces, cada vez que hacemos algo, esto lleva implícito el desastre.
  84. El título es Limpia, mata y da esplendor: una historia de crímenes con el fantasma de Cervantes, que vagaría por nuestro edificio haciéndose visible sólo a los conserjes.
  85. Embrutecidos en sus pequeñas miserias, sin ver más allá. Sin desear la aurora de las ideas que les liberen… Ajenos a cuanto no sea comer, beber, reñir, dormir y procrear.
  86. En América la Independencia no fue del pueblo, y cuando dicen eso mienten como bellacos.
  87. En aquel entonces, además de los bailes de salón que le servían para ganarse la vida —tango, foxtrot, boston—, dominaba como nadie el arte de crear fuegos artificiales con las palabras y dibujar melancólicos paisajes con los silencios.
  88. En aquel tiempo la justicia seglar era tan cruel como la eclesiástica, y las gentes también lo eran, por incultura y por afición natural del vulgo a ver descuartizar al prójimo.
  89. En aquella ciudad, donde a menudo lo ilegal es convención social y forma de vida –es herencia de familia, dice un corrido famoso, trabajar contra la ley–, Teresa Mendoza fue durante algún tiempo una de esas jóvenes, hasta que cierta ranchera Bronco negra se detuvo a su lado, y Raimundo Dávila Parra bajó el cristal tintado de la ventanilla y se la quedo mirando desde el asiento del conductor. (p. 26 en LA REINA DEL SUR)
  90. En cuanto a mí, sólo sé que no sé nada. Y cuando quiero saber busco en los libros, a los que nunca falla la memoria.
  91. En el fondo —dice—, a una mujer de mundo le gusta saber que hay hombres superiores a otros, más audaces y elegantes, que no defraudarán su vanidad, no se detendrán ante su pretendida virtud, y tomarán la iniciativa usando, incluso, la violencia adecuada que sirva de excusa a la mujer… ¿Me explico?
  92. En la guerra sobrevives gracias a los accidentes del terreno. Eso deja un sentido especial del paisaje. ¿No le parece?
  93. En la vida lo malo no es conocer, sino mostrar que se conoce.
  94. En literatura, el tiempo es un naufragio en el que Dios reconoce a los suyos.
  95. En los tiempos de oscuridad, la ignorancia del hombre era disculpable. En un siglo ilustrado como éste, resulta imperdonable.
  96. En realidad estoy menos orgulloso de lo que soy que de lo que he conseguido no ser.
  97. En un mundo donde el horror se vende como arte, donde el arte nace ya con la pretensión de ser fotografiado, donde convivir con las imágenes del sufrimiento no tiene relación con la conciencia ni con la compasión, las fotos de guerra no sirven para nada.
  98. en un mundo injusto como el que le ha tocado conocer, sólo hay dos maneras posibles de soportar la injusticia, sea divina o humana: resignándose a sufrirla, o aliándose con ella.
  99. En un mundo venal, hecho de hipocresía y falsas maneras, los poderosos, los buitres carroñeros, los envidiosos, los cobardes y los canallas suelen encubrirse unos a otros.
  100. Era usted un buen fotógrafo porque fotografiar es encuadrar, y encuadrar es elegir y excluir. Salvar unas cosas y condenar otras. No todo el mundo puede hacer eso: erguirse juez de cuanto pasa alrededor. Nadie que ame de verdad puede dictar esa clase de sentencias.
  101. Es a la física y a la experiencia a las que debe recurrir el hombre. A ellas debe consultar en su religión y en su moral, en sus leyes y en su gobierno político, en las ciencias y en las artes, en los placeres y en las desgracias. Barón Holbach. Sistema de la naturaleza
  102. Es agradable ser feliz, pensó. Y saberlo mientras lo eres.
  103. Es la duda la que mantiene joven a la gente. La certeza es como un virus maligno. Te contagia de vejez.
  104. Es muy fácil ser héroe rodeado de gente que te aclama, lo difícil es serlo en soledad, cuando el único testigo es el coraje, el honor, el valor
  105. Es un error grave mirar al pasado con los ojos del presente.
  106. Es usted un mal bicho. —Hay días que sí. Algo.
  107. Eso lo había aprendido en Hispanoamérica, donde la gente se fusilaba [mutuamente] hablándose todo el rato de usted.
  108. Esos hijoputas ya son difíciles como aliados, así que cuando sepan que estamos fusilando a los paisanos para que los pinte al óleo ese tipo, Goya, figúrese la que nos pueden organizar.
  109. España es un país cada vez más inculto
  110. España es un país en el que las ilusiones se van rápido, las decepciones se acumulan, y en el que cualquier español se da cuenta de que hay algo que está fallando desde hace siglos, lo que produce un cansancio histórico.
  111. España es un país gozosamente inculto
  112. España es un país históricamente enfermo. Se ve muy bien en cuanto escarbas un poco en la historia: desde Indíbil y Mandonio, los Austrias, la Ilustración… Hasta ahora mismo… Mira cómo nos estamos cargando la democracia. En cuando se empieza a perfilar una España distinta, esa España que empieza a ser posible, la destruyen los mismos españoles: la arrogancia de unos y el fanatismo de los otros. En Cádiz, los constitucionalistas liberales no supieron ver lo que era posible y no era posible. Quisieron hacer una constitución radical de la noche a la mañana, y eso era imposible. La misma constitución tenía el gen de su destrucción. Y cuando lees las actas de los debates, ves cómo se odiaban unos a otros, cómo se puteaban, cómo usaban la Prensa como arma arrojadiza… cómo ese esquema dialéctico, terrible y destructivo, se va reproduciendo en el siglo XIX, XX y XXI. El oportunismo político ya se da en la Constitución de Cádiz. Es desolador ver cómo el español repite los errores, cómo se carga lo que se le ponga delante.
  113. España es uno de los países más afortunados del mundo, y al mismo tiempo el más estúpido. Aquí vivimos como en ningún otro lugar de Europa, y la prueba es que los guiris saben dónde calentarse los huesos. Lo tenemos todo, pero nos gusta reventarlo. Hablo de ustedes y de mí. Nuestra envilecida y analfabeta clase política, nuestros caciques territoriales, nuestros obispos siniestros, nuestra infame educación, nuestras ministras idiotas del miembro y de la miembra, son reflejo de la sociedad que los elige, los aplaude, los disfruta y los soporta.
  114. España se mete en el siglo XVI en una empresa imposible de resolver. Hay dos factores que lo impiden. Por una parte, es demasiado imperio para una monarquía no descentralizada. Desde el Escorial no se puede gobernar todo el imperio, no existe Internet, no existe el teléfono, no existe el telegrama. Y es imposible, por mucha voluntad que se le eche. Por otra parte, el sistema español es absolutamente imperfecto, basado en una política no realista, y la Religión nos machaca. Cuando Felipe II dice que no está dispuesto a ser rey de herejes, ahí está firmando la sentencia de muerte del Imperio. Siempre digo que en Trento nos equivocamos de Dios, apostamos por un Dios reaccionario. El Dios moderno era el del Norte, el luterano, el que permitía negocios, con una burguesía que comerciaba, leía, viajaba, con ventanas abiertas al futuro. En vez de apostar por ese Dios moderno, el que con el tiempo se ha demostrado que tenía posibilidades de futuro, lo hicimos por el oscuro, el reaccionario, el de los prejuicios, las hogueras, el de los confesores diciendo al Rey a quién había que quemar. La Monarquía no tenía los elementos ni morales ni materiales para hacer frente al desafío de mantener ese imperio.
  115. Está tan gorda, que sus amantes pueden besarla durante toda una noche sin besarla nunca en el mismo sitio…
  116. Establecimientos públicos de moral relajada o equívoca, que en aquella España paradójica, singular e irrepetible, se veían tan frecuentados como las iglesias, y a menudo por la misma gente.
  117. Estoy convencida de que cada edificio, cada cuadro, cada libro antiguo que se destruye o se pierde, nos hace un poco más huérfanos. Nos empobrece.
  118. Estoy harto de este matasiete de salón, con su cordón rojo y su desvergüenza camuflada tras una seca cortesía que a nadie engaña. Si me anda buscando, es hora de que me encuentre.
  119. Gracias a usted ya no puedo creer en las certidumbres de los que tienen una casa, una familia, unos amigos.
  120. Había aprendido que lo malo no era la espera, sino las cosas que imaginas mientras esperas”.
  121. Hay mujeres admirables, acostumbradas a pensar. Damas inteligentes, libres de espíritu, que se sitúan por encima de los prejuicios y combinan el alma fuerte de los hombres con la sensibilidad de su sexo. —Eso es muy cierto. Quizá por eso, las mujeres de talento aman más tiernamente a sus viejos amigos que a sus jóvenes amantes… Ellas pueden engañar a veces al marido o al amante, pero nunca al amigo.
  122. hay un ejercicio fascinante, a medio camino entre la literatura y la vida: visitar lugares leídos en libros
  123. He visto arder la biblioteca de Sarajevo, he visto tipos muy poderosos hoy, que al día siguiente pedían de rodillas que no les matasen, he visto mujeres bellísimas, que eran las reinas de la fiesta, prostituirse al cabo de un mes por un paquete de cigarros. Y cuando uno ha visto esas cosas, las tienes en la memoria y con ellas escribes novelas, te das cuenta de que la posteridad importa muy poco.
  124. Hoy digo Bringas algo en lo que convengo: no son los tiranos lo que hacen a los esclavos, sino éstos quienes hacen a los tiranos.
  125. Imaginad el cuadro: sería vuestra merced tan amable de venir a la luz y destocarse, caballero, gracias, veo que sois el más rubio, permitid que os introduzca una cuarta de acero toledano en los higadillos.
  126. Insistir, a estas alturas, en que aprecio en general más a los perros que a los hombres es una obviedad que no remacharé demasiado. He dicho alguna vez que si la raza humana desapareciera de la faz de la tierra, ésta ganaría mucho en el cambio; mientras que sin perros sería un lugar más oscuro e insoportable. Cuestión de lealtad, supongo. Hay quien valora unas cosas y quien valora otras. Por mi parte, creo que la lealtad incondicional, a prueba de todo, es una de las pocas cosas que no pueden comprarse con retórica ni dinero. Tal vez por eso, la lealtad, en hombres o en animales, siempre me humedece un poquito las gafas de sol.
  127. Irremediablemente, él nota el regusto de melancolía. De pronto los recuerdos acuden atropellándose: palabras breves como gemidos deslizándose por una piel desnuda, escorzo de líneas largas y suaves reflejadas sobre un espejo que multiplicaba el gris de afuera, en el contraluz plomizo de una ventana que, como un cuadro francés de primeros de siglo, enmarcaba palmeras mojadas, mar y lluvia.
  128. Juro a vuestras mercedes que no lograba odiarla. Por el contrario, la certeza de que tenía parte en mi desgracia dejábame un regusto agridulce, que intensificaba el hechizo de su recuerdo. Era malvada –y aún lo fue más con el tiempo, voto a Cristo– pero era bellísima. Y justo esa connivencia de maldad y de belleza, tan ligadas una a otra, me causaba una fascinación intensa, un doloroso placer al sufrir trabajos y penar por su causa.
  129. la certeza de moverse a sus anchas por un paisaje hostil, desolado como la vida misma, con la confortable sensación de que nada propio se dejaba atrás, y nada había por delante lo bastante terrible como para refrenarle a uno el paso. Aquéllas
  130. la fuerza de los desesperados es no esperar salvación alguna
  131. La gente se mueve por hambre, la historia de la humanidad la hace el hambre. En España había mucha miseria y América se presentaba como un mundo de oportunidad. Y había que ser muy valiente para embarcarse hacia un mundo desconocido.
  132. La guerra de Lorenzo Falcó era otra, y en ella los bandos estaban perfectamente claros: de una parte él, y de la otra todos los demás.
  133. La guerra es el estado normal del hombre.
  134. La guerra no es la anomalía, nos comportamos en la guerra como en la paz. Sólo que en la guerra no funcionan los frenos que la sociedad te pone. Pero si a la sociedad en la que estamos le quitas los mecanismos de control, todo es igual que en la guerra.
  135. La historia ha demostrado mil veces que no hay nada mas peligroso como un español acorralado” 10 de Febrero de 2013
  136. La Independencia la hicieron unas clases ilustradas, criollas, mestizas, españoles afincados allí y criollos que decidieron con todo el derecho y legitimidad del mundo que ya estaba bien de depender de los impuestos, las normas, las rigideces impuestas por un sistema económico anquilosado y anticuado que era el que se imponía en España.
  137. La rebeldía es el único refugio digno de la inteligencia frente a la imbecilidad.
  138. La soberbia es, sin duda, el mayor pecado del hombre actual. Antes, el hombre podía ser soberbio, pero no era estúpido. Ahora, el hombre tiene la soberbia de la ignorancia, la peor de todas. La arrogancia del hombre moderno es inaudita. Por eso, esa cara de pasmo que se le ve a un padre en el telediario cuando saca en brazos a su hijo aplastado por el terremoto, y le notas esa expresión de incredulidad, «¿cómo ha podido pasar esto?». Después de estar tantos años allí y vuelves, como cuando yo volvía de Beirut, por ejemplo, y paseaba por las calles de aquí y veía las caras de la gente, me preguntaba: ¿pero no se dan cuenta? ¡Lo normal no es esto, lo normal es aquello! Y no hablo de pesimismo, sino de asumir las reglas del juego. Mi nueva novela es, precisamente, la historia de alguien que ha estado ahí, en el horror, y regresa y se pregunta dónde puede encontrar el consuelo.
  139. La sucia España de toda la vida, enferma de sí misma; la del rencor y la envidia cobarde; la del por qué él y yo no; la que desprecia cuanto ignora y odia cuanto envidia; la que retorna pidiendo cerillas y haces de leña, exigiendo cunetas y paredones donde ajustar cuentas; la que sólo se calma cuando le meten dinero en el bolsillo o ve pasar el cadáver del vecino de quien codicia la casa, el coche, la mujer, la hacienda. Al observar el comedero de cerdos en que, con la complicidad ciudadana, nuestra infame clase política ha convertido treinta años de democracia bien establecida, se comprenden muchos momentos terribles de nuestra historia.(…)Si retrocediéramos en el tiempo y nos dieran un Máuser, un despacho de Gobernación, una toga de juez en juicio sumarísimo, llenaríamos de nuevo los cementerios.(…)El problema somos nosotros: la vieja, triste y ruin España.
  140. La única salvación posible estriba en dos palabras: educación y cultura.
  141. La vida es muy traicionera, y cada uno se las ingenia como puede para mantener a raya el horror, la tristeza y la soledad. Yo lo hago con mis libros.
  142. Le ruego que dejemos a Dios y a sus ministros a un lado. —Ah, eso quisiera yo. Porque cambiar el signo de los tiempos no es asunto de Dios, sino de los hombres. De
  143. Llegamos a la costa con el resto del regimiento y los daneses y los mondieus pegados a los talones, bang-bang y todo el mundo corriendo, maricón el último.
  144. Lo agradable de los lugares donde uno recala depende, especialmente, de las personas que allí trabajan y le dan carácter.
  145. Lo bueno cuando arde Troya es que nada tienes que perder, pues nada esperas. Casi todo lo que cuento gira en torno a eso. Mis personajes siempre tienen una Troya ardiendo a sus espaldas.
  146. Lo hermoso es enseñar a volar a un gorrioncillo, porque en su libertad va implícita tu renuncia…
  147. Lo malo de estas cosas es que, hasta que el rabo no pasa, todo es toro.
  148. Los aplaudidores demagogos son aún más peligrosos y despreciables que los fundamentalistas. Al menos éstos tienen fe.
  149. Los filósofos griegos tenían razón al decir que la guerra era la madre de todas las cosas.
  150. Los héroes pasan por nuestro lado sin que reparemos en ellos. Se sientan en la terraza de un bar, se sujetan a la barra del metro o hacen la cola en la oficina del paro, como tantos.
  151. Los humanos nos hemos protegido de esa frialdad, nos hemos rodeado de una serie de amortiguadores, tratando de sobrevivir física e intelectualmente ante el hecho de que somos insectos bajo la bota de los dioses. ¿Qué pasa? Que ignorar esa realidad es una mentira. Si tú construyes una urbanización en una cañada, algún día bajará el agua por ahí. Aunque tarde siglos, bajará y se lo llevará todo. Entonces, cada vez que hacemos algo, esto lleva implícito el desastre.
  152. Los libros son puertas que te llevan a la calle, decía Patricia. Con ellos aprendes, te educas, viajas, sueñas, imaginas, vives otras vidas y multiplicas la tuya por mil.
  153. Los medios igual que hacen el mayor bien cuando denuncian la injusticia, también hacen el mayor mal cuando, atentos al libro de estilo de lo políticamente correcto, manipulan la realidad. Reproducen lo que es la sociedad y luego la sociedad se retroalimenta de ellos. Lo peor es que hoy no existe el espíritu crítico que hubo en España desde finales del siglo XIX hasta la II República. ¿Qué gente hay a la altura de Ortega en la derecha o en la izquierda? España es un país especialista en perder oportunidades. Entre el 98 y el 36 hubo una gran oportunidad; de la misma manera que la hubo a caballo de los siglos XVIII y XIX y que se perdió con la invasión napoleónica y Fernando VII. Y eso ha dejado un agujero que no se ha podido llenar con nada.
  154. Malditos sean quienes hacen posible que todo eso ocurra, y malditos sean también los alcaldes, los policías municipales y los guardias civiles y todos los demás que lo saben y lo consienten. Y es que hay chusma infame, gentuza sin conciencia, salvajes miserables a quienes sería insultar a los perros llamar hijos de perra.
  155. Mantenerse vivo, descubrí durante esos días, da muchas más fatigas que dejarse morir
  156. Me hubiera gustado ser francés hace unas semanas, el día que entró en vigor la ley prohibiendo el uso del velo en los colegios públicos de allí. En un ejercicio admirable de civismo republicano, los dirigentes musulmanes franceses dijeron a sus correligionarios que, incluso pareciéndoles mal la ley, aquello era Francia, que las leyes estaban para cumplirlas, y que quien se beneficia de una sociedad libre y democrática debe acatar las reglas que permiten a esa sociedad seguir siendo libre y democrática. Así, todo transcurrió con normalidad. Al llegar al cole las chicas se quitaban el velo, o no entraban. Y oigan. No hubo un incidente, ni una declaración pública adversa. Políticos, imanes, alumnos. Ese día, todos de acuerdo: Francia. Y ahora imaginen lo que habría ocurrido aquí en el caso –si hubiese habido cojones para aprobar esa ley, que lo dudo– de prohibirse el velo en las escuelas públicas españolas. Cada autonomía, cada municipio y cada colegio aplicando la norma a su aire, unos sí, otros no, gobierno y oposición mentándose los muertos, policías ante los colegios, demagogia, mala fe, insultos a las niñas con velo, insultos a las niñas sin velo, manifestaciones de padres, de alumnos, de sindicatos y de oenegés lo mismo a favor que en contra, el Pepé clamando Santiago y cierra España, el Pesoe con ochenta y seis posturas distintas según el sitio y la hora del día, los obispos preguntando qué hay de lo mío, ministros, consejeros y presidentes autonómicos compitiendo en decir imbecilidades, Llamazares largando simplezas sobre el federalismo intrínseco del Islam, Maragall afirmando la existencia de un Mahoma catalán soberanista, Ibarretxe diferenciando entre musulmanes a secas y musulmanes y musulmanas vascos y vascas, y los programas rosa de la tele, por supuesto, analizando intelectualmente el asunto.
  157. Me llamo Boris Balkan y una vez traduje La Cartuja de Parma. Por lo demás, las críticas y recensiones que escribo salen en suplementos y revistas de media Europa, organizo cursos sobre escritores contemporáneos en las universidades de verano, y tengo algunos libros editados sobre novela popular del XIX. Nada espectacular, me temo; sobre todo en estos tiempos donde los suicidios se disfrazan de homicidios, las novelas son escritas por el médico de Rogelio Ackroyd, y demasiada gente se empeña en publicar doscientas páginas sobre las apasionantes vivencias que experimenta mirándose al espejo.
  158. Me siento más en casa que si viajo a París, por ejemplo, no soy nada patriotero, pero es que para mí, mi nación es mi lengua y mi cultura.
  159. Mi impresión es que el siglo XX fue el siglo de la esperanza, donde había revoluciones por hacer, había cambios por intentar, victorias por conseguir, luchas por librar, pero esa esperanza fue derrotada. La segunda mitad del siglo XX y el principio del siglo XXI, ha sido la derrota de las grandes ideas que podrían haber trazado un horizonte más digno para la sociedad. Hemos perdido la batalla, somos siervos de un sistema que nos controla y nos asfixia, por eso me temo que ahora cuando hablan de movimiento, revolución, de sublevaciones, el asunto es que ya no es posible hacer una sublevación ideológica. No hay ninguna ideología que mueva a los oprimidos, a los pobres, a los parias de la tierra. La revolución de ahora solo puede ser la de la desesperación, la del rencor, la del ajustar cuentas. De darse una será mucho más brutal, porque no aspira a cambiar la sociedad, sino que aspira a vengarse.
  160. Mi memoria histórica tiene tres mil años, y el problema es que la memoria histórica analfabeta es muy peligrosa. Porque contemplar el conflicto del año 36 al 39 y la represión posterior como un elemento aislado, como un periodo concreto y estanco respecto al resto de nuestra historia, es un error, porque el cainismo del español sólo se entiende en un contexto muy amplio. Del año 36 al 39 y la represión posterior sólo se explican con el Cid, con los Reyes Católicos, con la conquista de América, con Cádiz… Separar eso, atribuir los males de un periodo a cuatro fascistas y dos generales es desvincular la explicación y hacerla imposible.
  161. Mi opinión puede resumirse si digo que, ahora que viene el Bicentenario de la Independencia Americana, creo que hay poco que celebrar allí. Aquella independencia nunca fue de los pobres ni los explotados, que siguieron siéndolo y lo siguen siendo todavía, sino de las clases criollas dirigentes que se separaron de la metrópoli para no pagar impuestos y regir sus propios destinos. El pueblo sólo fue carne de cañón, pretexto para los demagogos, y no hizo sino cambiar de amos.
  162. Mientras hay muerte – apuntó- hay esperanza.
  163. Nada define mejor la España de mi siglo, y la de todos, que la imagen del hidalgo pobre y miserable, muerto de hambre, que no trabaja porque es rebaje de su condición; y aunque ayuna a diario sale a la calle con espada, dándose aires, y se echa migas de pan en la barba para que sus vecinos piensen que ha comido.
  164. Nada hay más despreciable, ni peligroso, que un malvado que cada noche se va a dormir con la conciencia tranquila
  165. Nadie debería irse sin dejar una Troya ardiendo a sus espaldas.
  166. Nadie dijo que moverse por el perro mundo fuera fácil, ni gratuito. Y menos en tiempos como éstos.
  167. Nadie es el mismo al empezar un libro que al terminarlo, sea como lector o como escritor.
  168. Nadie puede ser sabio sin haber leído por lo menos una hora al día, sin tener biblioteca por modesta que sea, sin maestros a los que respetar, sin ser lo bastante humilde para formular preguntas y atender con provecho las respuestas…
  169. Napoleón nos hizo polvo. En España había un movimiento al que se llamaba «afrancesado» y que reunía a gente como Moratín y Goya, culta, con ideas renovadoras, y la invasión provocó su aplastamiento. Hay que decirlo: buena parte de la culpa la tuvimos los españoles, porque no se trata sólo de que llegara un rey malo que arrasó las libertades alcanzadas en la Constitución de 1812; sino de que los españoles también las tiramos por la ventana. Éste era un país tan miserable, tan cobarde, tan inculto, que cuando recibió una constitución avanzadísima, concebida en el papel por gente de bien y que le daba libertad, en vez de levantarse en su apoyo, se une al carro del despotismo y secunda a Fernando VII en la persecución del espíritu liberal. [… ] Hay una excusa y es que la gente era analfabeta. Nadie le había enseñado a pensar, estaba en manos de curas fanáticos, de reyes incapaces y de ministros corruptos. Igual se apuñalaba franceses que liberales y luego ibas a misa y te absolvían. Pero ya no es así, la educación es universal y gratuita, existe internet, hay libros de bolsillo, el que quiera puede acceder a la cultura. Hoy es inculto el que quiere. El campesino que pegaba fuego a la iglesia de su pueblo y mataba al cacique en el año 36 quizá tenía una explicación histórica. Ya no; el que hace caso omiso al progreso y la solidaridad es por cobardía, por apoltronamiento y por bajeza moral. Cuando gritamos «¡Vivan las cadenas!» es porque queremos tenerlas. En España nos sigue dando miedo la libertad responsable, aunque la otra nos encanta… Poder mearnos en la esquina nos pone.
  170. Ni en el siglo dieciocho ni ahora —continuó al cabo de un momento— acepta nadie que su fracaso se deba a falta de talento, sino que ve injusticias, conspiraciones y desdenes por todas partes…
  171. No creo que muchos diputados hayan leído un solo discurso de Cánovas, Sagasta, Prieto, Azaña, Sagasta o Calvo Sotelo. Desconocen la tradición parlamentaria de la Restauración y de la II República. Estamos en manos de unos políticos que están haciendo una España virtual que no tiene nada que ver con la realidad. Si paras en cualquier taberna de pueblo o cualquier bar de carretera, allí donde haya trabajadores, te das cuenta de un divorcio absoluto. Se han construido una España política sólo para ellos, en la cual medran y se acuchillan, aunque luego se van a comer juntos tras el número parlamentario. Y esto es indignante.
  172. No era el hombre más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente.
  173. No es lo mismo desvestir santos que vestirlos. Manejar ideas que afrontar hechos…
  174. No faltan en otras naciones, don Hermes… Lo que pasa es que éstos duelen más porque son nuestros.
  175. No había piedad en ellos, ni siquiera esos ápices de humanidad que a veces uno vislumbra incluso en los más desalmados. Frailes, juez, escribano y verdugos se comportaban con una frialdad y un distanciamiento tan rigurosos que era precisamente lo que más pavor producía; más, incluso, que el sufrimiento que eran capaces de infligir: la helada determinación de quien se sabe respaldado por leyes divinas y humanas, y en ningún momento pone en duda la licitud de lo que hace. Después, con el tiempo, aprendí que, aunque todos los hombres somos capaces de lo bueno y de lo malo, los peores siempre son aquellos que, cuando administran el mal, lo hacen amparándose en la autoridad de otros, en la subordinación o en el pretexto de las órdenes recibidas. Y si terribles son quienes dicen actuar en nombre de una autoridad, una jerarquía o una patria, mucho peores son quienes se estiman justificados por cualquier dios. Puestos a elegir con quien habérselas a la hora, a veces insoslayable, de tratar con gente que hace el mal, preferí siempre a aquellos capaces de no acogerse más que a su propia responsabilidad. Porque en las cárceles secretas de Toledo pude aprender, casi a costa de mi vida, que nada hay más despreciable, ni peligroso, que un malvado que cada noche se va a dormir con la conciencia tranquila. Muy malo es eso. En especial, cuando viene parejo con la ignorancia, la superstición, la estupidez o el poder; que a menudo se dan juntos. Y aún resulta peor cuando se actúa como exégeta de una sola palabra, sea del Talmud, la Biblia, el Alcorán o cualquier otro escrito o por escribir. No soy amigo de dar consejos –a nadie lo acuchillan en cabeza ajena-, mas ahí va uno de barato: desconfíen siempre vuestras mercedes de quien es lector de un solo libro.
  176. No le tolero eso. —Pues revise usted, si es tan amable, sus límites de tolerancia.
  177. No me digan que no es vergonzoso para la especie humana haber medido la distancia de la Tierra al Sol, haber pesado todos los planetas cercanos, y no haber descubierto las leyes fecundas que hacen la felicidad de los pueblos.
  178. No pudieron vencer a mis dolores las noches, ni dar paz a mis enojos…
  179. No quedaba más remedio que jugar la partida con las nueve cartas que el burlón destino acababa de ponerle en las manos, aunque éstas fueran pésimas.
  180. No todos los pueblos son igual de razonables para elegir su conveniencia o su destiño, ni igual de cínicos para justificarse después ante la Historia o ante sí mismos. En cuanto a nosotros, fuimos hombres de nuestro siglo: no escogimos nacer y vivir en aquella España, a menudo miserable y a veces magnífica, que nos tocó en suerte; pero fue la nuestra.
  181. noche es neutral, se dijo. No toma partido por uno ni por otros, y ayuda a quien la pone de su lado. A quien la utiliza.
  182. Nos hacemos fotos, no con el objeto de recordar, sino para completarlas después con el resto de nuestras vidas. Por eso hay fotos que aciertan y fotos que no. Imágenes que el tiempo pone en su lugar, atribuyendo a unas su auténtico significado, y negando otras que se apagan solas, igual que si los colores se borraran con el tiempo.
  183. Odio a los cristianos que se han dejado matar en los circos romanos sin pelear. La lucha justifica la existencia del hombre. Un hombre que no lucha no es un hombre. Uno adquiere su dignidad enfrentándose a la enfermedad, al horror, a la soledad, a la estupidez. El hombre tiene la obligación moral de pelear contra todas las cosas negativas con las que la vida le rodea. La vida me ha hecho abandonar muchas cosas salvo el respecto por el valor. Entiendo por valor esa facultad humana de poder decir no, de negarse a rendirse, de luchar hasta el final por las convicciones. Luchar igualmente, sabiendo que en tu fusil ya no quedan cartuchos. La única verdadera virtud es el combate por la dignidad.
  184. Para bien o para mal, a despecho del turco, el francés, el holandés, el inglés y la puta que los parió, España tuvo, durante un siglo y medio, bien agarrados a Europa y al mundo por las pelotas
  185. Para Falcó, palabras como patria, amor o futuro no tenían ningún sentido. Era un hombre del momento, entrenado para serlo. Un lobo en la sombra. Ávido y peligroso. Después
  186. Percibí en su voz un tono que ya conocía bien: resignación y ausencia de ilusiones sobre el éxito o fracaso de la empresa; resolución fatigada, silenciosa, desprovista de interés salvo por los detalles técnicos, del soldado veterano dispuesto a afrontar con sencillez un mal rato que forma parte de su oficio.
  187. Pero el tiempo pasa, y dura. Y hay un momento en que todo se estanca. Los días dejan de contarse, la esperanza se desvanece… Es entonces cuando te conviertes en prisionero real. Profesional, por decirlo de algún modo. Un prisionero paciente.
  188. Por desconfiar, todavía no se ha muerto nadie.
  189. Por eso intento recordar cada día que a reyes y poderosos siempre hay que darles gracias, aunque no se tenga de qué, y nunca quejas, aunque se tenga de qué.
  190. por mucho que nuble, la sombra siempre termina despuntando cosida a los pies de uno. Y nadie puede escapar de su propia sombra.
  191. Porque el país en el que vivían no deseaba cambiar. Había demasiadas fuerzas oscuras tirando en dirección contraria.
  192. Porque la religión es la mayor forma de engaño inventada por el hombre.
  193. Porque somos un país de gilipollas gobernado desde hace siglos por mediocres, analfabetos y acomplejados. ¿Te parece que lo he dicho lo bastante claro?
  194. Pues nunca, que yo sepa, hubo verbos que al más avaro le dolieran en la bolsa.
  195. Que a perro flaco todo son pulgas, y los españoles no necesitamos a nadie para arruinarnos, pues siempre dominamos bien sobrados el finibusterre de hacerlo solos
  196. Que después de 13 años juntos, hecho polvo e inválido el chucho de las patas traseras, le cogió la cabeza entre las manos, y el viejo labrador estuvo moviendo el rabo y mirándolo a los ojos hasta el final, llevándose su cara, su sonrisa y sus cinco litros de lagrimas, como ultima imagen de esta vida. ¿Y saben lo que les digo?… Podría desaparecer la humanidad entera. Podrían diezmarnos las catástrofes y las guerras y caer chuzos de punta e irnos todos a tomar por saco, y el planeta Tierra no perdería gran cosa. Al contrario: ganaría en armonía natural y en alivio. Pero cada vez que desaparece un animal silencioso, bueno y leal como era el perro del que les hablo — se llamaba Sombra —, este mundo de mierda resulta menos generoso, menos habitable y menos noble.
  197. Que ninguna bandera o compañía es perfecta; e incluso en la de Cristo, que fue como él mismo se la quiso reclutar, hubo uno que lo vendió, otro que lo negó y otro que no lo creyó.
  198. que tú haría un viaje largo, muy lejos… Y sepas lo que sepas, no lo cuentes ni bajo confesión. Si de esto se entera un cura, cuelga los hábitos, vende el secreto y se hace rico.
  199. quien mata de lejos lo ignora todo sobre el acto de matar. Quien mata de lejos ninguna lección extrae de la vida ni de la muerte: ni arriesga, ni se mancha las manos de sangre, ni escucha la respiración del adversario, ni lee el espanto, el valor o la indiferencia en sus ojos. Quien mata de lejos no prueba su brazo ni su corazón ni su conciencia, ni crea fantasmas que luego acudirán de noche, puntuales a la cita, durante el resto de su vida. Quien mata de lejos es un bellaco que encomienda a otros la tarea sucia y terrible que le es propia. Quien mata de lejos es peor que los otros hombres, porque ignora la cólera, y el odio, y la venganza, y la pasión terrible de la carne y de la sangre en contacto con el acero; pero también ignora la piedad y el remordimiento. Por eso, quien mata de lejos no sabe lo que pierde.
  200. Quien sólo se interesa por los libros no necesita a nadie, y eso me da miedo.
  201. Quizás los malvados se cansan tanto como los corazones leales, pensé un instante. A fin de cuentas, nadie elige su destino.
  202. Respecto a los perros, nadie que no haya convivido con ellos conocerá nunca, a fondo, hasta dónde llegan las palabras generosidad, compañía y lealtad. Nadie que no haya sentido en el brazo un hocico húmedo intentando interponerse entre el libro que estás leyendo y tú, en demanda de una caricia, o haya contemplado esa noble cabeza ladeada, esos ojos grandes, oscuros, fieles, mirar en espera de un gesto o una simple palabra, podrá entender del todo lo que me crepitó en la sangre cuando leí aquellas líneas; eso de que en las peleas de perros, el animal, si su amo está con él, lo da todo.
  203. Respecto al vino, decía el capitán que ya tendría tiempo en la vida de beber hasta reventar, si lo quisiera, y que para eso nunca se le hacía demasiado tarde a un hombre;
  204. Reunión de pastores, decía el antiguo refrán español, oveja muerta.
  205. Se acerca la hora de que este siglo levante cadalsos y afile el cuchillo -concluye-. Y no hay mejor piedra de amolar cuchillos que la letra impresa.
  206. Se mezclaron un mundo terrible y uno hermoso. Es una historia de la que podemos estar horrorizados y orgullosos al mismo tiempo.
  207. Sé que hay gente que mataría por mí y otra que no me soporta
  208. Ser español y lúcido aparejó siempre una seca soledad.
  209. Sería de justicia recordar que, en tiempos de oscuridad, siempre hubo hombres buenos que lucharon por traer a sus compatriotas las luces y el progreso… Y que no faltaron quienes procuraban impedirlo.
  210. Si la cuestión es que cuando no honras tu memoria, y los muertos forman parte de ella, estás deshonrándote a ti mismo. Pero claro, tú pones la televisión y ves lo que se ve, y te preguntas si de verdad nos importa algo Gálvez, Blas de Lezo, los tercios, Rocroi… En la vida que llevamos, en nuestras perspectivas del mundo actual, todo eso no tiene utilidad, ningún atractivo, no. ¿Qué nos importa Blas de Lezo? ¿Qué ganamos con saber quién fue? La vida que se nos está proponiendo como futuro no tiene nada que ver con esas otras vidas. Ese ejemplo no vale, ahora vale el futbolista que triunfa, la top model que consigue hacerse millonaria, el actor de cine, el cantante… ésos son los ejemplos que nos valen porque son los que la sociedad nos pone como objetivos que hay que imitar. Pero las virtudes de Blas de Lezo, el heroísmo de un tío que está cargando con la Caballería al paso en el río Igan el día de Annual, Gálvez atravesando solo con su bergantín el paso de agua de Pensacola… son ejemplos que no tienen utilidad práctica para el hombre moderno, solamente la tiene para algunos marginales que van­–o vamos–quedando y que todavía comparten viejos códigos de comportamiento. Pero para el español moderno, es hasta molesto, hasta incómodo que le recuerdes que hubo un Blas de Lezo, y no les gusta que lo hagas, porque eres un aguafiestas y un facha, un gruñón.
  211. Si no temo perder lo que poseo, ni deseo tener lo que no gozo, poco de la fortuna en mí el destrozo valdrá, cuando me elija actor o reo.  …
  212. Si nuestra ignorancia de la naturaleza creó a los dioses, el conocimiento de la naturaleza está hecho para destruirlos.
  213. Si un objeto cae, golpea los cuerpos que encuentra en su caída y les comunica movimiento según su densidad… Si un navío navega de A hacia B, abate en su rumbo debido al factor C, integrado por el viento y la corriente… Ése es el catecismo real. El único que sirve de algo.
  214. Siempre desconfío de quien no tiene ( o dice no tener) enemigos. Caminar es elegir. Elegir es arriesgarse. Arriesgarse es pelear. No tener (oficialmente) enemigos requiere mucha capacidad de succión. Que también tiene su mérito.
  215. Sigo creyendo que en el concilio de Trento España se equivocó de camino: mientras la Europa moderna apostaba por un Dios práctico, emprendedor, aquí fuimos rehenes de otro Dios reaccionario y siniestro, que nos hizo caminar en dirección opuesta al futuro mientras sus ministros proponían quemar, fusilar, prohibir, desterrar costumbres, libros, ideas y hombres. Mientras saboteaban constituciones, bendecían a generales carlistas o levantaban el brazo junto a caudillos paseados bajo palio. Y ahí siguen. Mezclando a Dios con las cosas de comer. Disputando arrogantes y pertinaces, a estas alturas de España, cualquier conquista del sentido común, la libertad y la vida.
  216. Sobre España: “atormentada piel de toro española, turbia y homicida, cuna de Caín,.
  217. Sobre España: “este paraje ingrato, envidioso y miserable, históricamente enfermo. De esta ruin madrastra y sus turbios, desvergonzados, impunes secuaces.
  218. Sócrates y Séneca se suicidaron por inteligencia, y la Europa que ellos iluminaron se suicida por estupidez.
  219. Sólo dispongo de una vida, dijo. Un breve momento entre dos noches. Y el mundo es una aventura formidable que no estoy dispuesto a perderme.
  220. Sólo hay algo a lo que los hombres con cargos públicos, del rey al ministro, dice, temen más que la educación de sus súbditos: la pluma de los buenos escritores.
  221. Sólo se trataba de cumplir las reglas —dice mientras cierra el armario—. La vida te sitúa ante ellas. Se asumen, se cumplen, y punto… Sin grandes gestos. Sin dramatismos.
  222. Sólo un Estado organizado y fuerte, protector de sus artistas, pensadores y científicos, es capaz de proveer el progreso material y moral de una nación… Y ése no es nuestro caso.
  223. Somos 45 millones de humoristas involuntarios.
  224. Son los hombres inspirados los que iluminan al pueblo, y los fanáticos quienes lo extravían.
  225. Soy de los que imaginan a una especie de dios borracho, o bromista cósmico, tronchándose de risa con los afanes de las miserables hormigas que corremos bajo su bota.
  226. Tal es, en mi opinión —prosigue—, el patriotismo necesario en un joven militar… No el de esos matachines de salón que, creyendo que el amor a la patria es callar sus defectos y abrazar sus bajezas, sin haber visto más fuego que el de su cigarro
  227. Tal vez su condición de viejo soldado —había peleado en Flandes y el Mediterráneo tras escapar de la escuela para alistarse como paje y tambor a los trece años— dejó impresa en él aquella manera tan suya de encajar el riesgo, los malos tragos, las incertidumbres y sinsabores de una vida bronca, difícil, con el estoicismo de quien se acostumbra a no esperar otra cosa.
  228. También ésta es la historia de mi vida, pensó, o parte de ella: buscar un taxi de madrugada, oliendo a mujer o a noche perdida, sin que una cosa contradiga la otra.
  229. Tan peligroso puede ser un estúpido ilustrado como un cateto a quien la inteligencia no le sirve para dejar de serlo.
  230. Todas las guerras son malas, pero la guerra civil es la peor de todas, pues enfrenta al amigo con el amigo, al vecino con el vecino, al hermano contra el hermano. Hace casi 80 años, entre 1936 y 1939, en tiempos de nuestros abuelos y bisabuelos, una espantosa guerra civil tuvo lugar en España. Causó miles de muertos, destruyó hogares, arruinó el país y llevó a mucha gente al exilio. Para evitar que tan desoladora tragedia vuelva a repetirse nunca es conveniente recordar cómo ocurrió. Así, de aquella desgracia podrán extraerse conclusiones útiles sobre la paz y la convivencia que jamás se deben perder. Lecciones terribles que jamás debemos olvidar.
  231. Todas las inquisiciones, sin distinción, se basan en el principio de la delación y la cobardía social. Porque lo malo no es siempre el fanático. Peores son quienes no lo son, pero desean congraciarse con él.
  232. Todas lo están, me parece… En cuanto al silencio, sospecho que todo el tiempo nos juzgan, y por eso callan. —¿Silencio de jueces? —se yergue un poco don Hermógenes, interesado—. Vaya… Eso parece digno de pensarse. —Aunque la mayor parte de sus veredictos, mucho me temo, oscilan entre la compasión y el desprecio.
  233. Todo el mundo -incluso los japoneses y, si me apuran, los norteamericanos- tiene derecho a viajar y a la cultura, suponiendo que viajar pueda todavía considerarse cultura. [… ] Mas convendrán conmigo en que asomarse a una ventana del hotel Daniel de Venecia y encontrar los canales literalmente atestados por miles de japoneses en góndola, o vivir en el Crillón de París rodeado de fulanos de Arkansas que hablan por la nariz, llevan gorras de béisbol y preguntan dónde está la fontana de Trevi, le quita el encanto a cualquier cosa
  234. Todos somos nacionalistas de algo: la lengua, la memoria, la cultura, la infancia. El fútbol. Pero creo que el senador Maqueda hablaba de otro nacionalismo: el que se envuelve en la bandera local, el exclusivo y excluyente, el de nosotros y ellos. El patológico. El que manipula instintos y sentimientos para conseguir perversa rentabilidad política. Y por ahí, no. En ese sentido, algunos no nos sentimos nacionalistas en absoluto.
  235. Traer hijos a este mundo injusto, de esclavos, es sumar a todo una injusticia más.
  236. transportaban en un solo viaje de ocho a doce toneladas con la complicidad de la policía, el ministerio de Defensa y la propia presidencia del Gobierno mejicano. Eran los tiempos felices de Carlos Salinas de Gortari, con los narcos traficando a la sombra de Los Pinos;
  237. Triste España —comenta, desolado—. Basta alejarse unas leguas de cualquier ciudad para encontrarse entre bárbaros. —No faltan en otras naciones, don Hermes… Lo que pasa es que éstos duelen más porque son nuestros.
  238. Triste símbolo, aquellos anónimos muros de ladrillo, de toda una nación inculta dormida entre los escombros de su pasado, suicidamente satisfecha y prisionera de sí misma. Amarga lección póstuma, esa tumba olvidada.
  239. Un día, contemplando un cuadro de Rivera, me fijé en una india que cargaba un bebé con ojos azules, y pensé que ahí se explicaba muy bien el mestizaje.
  240. Un libertino ocupa el lugar social que otros muchos hombres no se atreven o no pueden ocupar… Les falta, o nos falta, lo que hay que tener.
  241. Un pueblo honrado no necesita que el gobierno lo divierta, sino que lo deje divertirse. —Por
  242. Una biblioteca no es algo por leer, sino una compañía —dijo, tras dar unos pasos más—. Un remedio y un consuelo.
  243. Una civilización que renuncia a la posibilidad de recurrir a la violencia en sus pensamientos y acciones, se destruye a sí misma. Se convierte en un rebaño de corderos, a degollar por el primero que pase.
  244. Una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa.
  245. Una guerra es un curso acelerado, intenso y bestial, sobre lo bueno y lo malo de la condición humana. Y creo que las generaciones que vivieron guerras o desastres son más despiertas y razonables que las otras. Han visto el lado oscuro y real de la vida, y saben temerlo, comprenderlo y asumirlo. Por eso nuestros abuelos y bisabuelos eran mejores personas que nosotros.
  246. Una mujer nunca es sólo una mujer, querido Max. Es también, y sobre todo, los hombres que tuvo, que tiene y que podría tener. Ninguna se explica sin ellos.
  247. Una mujer perspicaz —continúa ella— adivina al pedante en la tercera frase, y es capaz de ver el talento del que guarda silencio.
  248. Una verdad, una fe, una generación de hombres pasa, se la olvida, ya no cuenta. Excepto para aquellos pocos, tal vez, que creyeron esa verdad, profesaron esa fe o amaron a esos hombres. Joseph Conrad.
  249. Una vida, la suya, que tal vez algún día acabara por pasarle la factura de modo implacable, toc, toc, toc, señor Falcó, le toca a usted abonar los gastos. Hasta aquí hemos llegado. Fin de la fiesta. En
  250. Una vuelta por cualquier barrio de México, por cualquier campo de Perú, por la pampa rubia, y verán que la miseria, el hambre y sobre todo la incultura siguen siendo las mismas.
  251. Verás qué pocos fanatismos e ignorancias de pueblo y cabra de campanario sobreviven a una visita paciente a El Escorial, a una mañana en el museo del Prado, a un paseo por los barrios viejos de Sevilla, a una cerveza bajo el acueducto de Segovia. Llégate a la Costa de la Muerte y mira morir el sol como lo veían los antiguos celtas del Finis Terrae. Tapea en el casco viejo de San Sebastián mientras consideras la posibilidad de que parte del castellano pudo nacer del intento vasco por hablar latín. Observa desde las ruinas romanas de Tarragona el mar por el que vinieron las legiones y los dioses, intuye en Extremadura por qué sus hombres se fueron a conquistar América, sigue al Cid desde la catedral de Burgos a las murallas de Valencia, a los moriscos y sefardíes en su triste y dilatado exilio. En Granada, Córdoba, Melilla, convéncete de que el moro de la patera nunca será extranjero para ti.
  252. Vinieron la Verdad y la Justicia a la tierra; la una no halló comodidad por desnuda, ni la otra por rigurosa. Anduvieron mucho tiempo así, hasta que la Verdad, depuro necesitada, asentó con un mudo. La Justicia, desacomodada, anduvo por la tierra rogando a todos, y viendo que no hacían caso de ella y que le usurpaban su nombre para honrar tiranías, determinó volverse huyendo al Cielo.
  253. Vino ajeno y miseria propia. El reposo breve de un guerrero.
  254. viva España y demás, y angelitos al cielo o a donde tocara ir.
  255. Y a fin de cuentas, recuerde el viejo dicho. Tarde o temprano, los extremos se tocan.
  256. y al romper el alba les volamos con mina un baluarte con treinta fulanos dentro, despertándolos de muy mala manera y demostrando que no a todo el que madruga Dios lo ayuda.
  257. y él murmuraba amen al tiempo que ellos, para que no se sintieran tan solos cuando caían al suelo y morían. Pero sus ojos claros y fríos estaban atentos a las ondulantes filas de la caballería enemiga
  258. Y es que diversión y educación hacen a los ciudadanos laboriosos y responsables. Ayudan a eso los saraos públicos, cafés y casas de conversación, juegos de pelota, teatros… —Y
  259. Y es que la Historia sólo está muerta para los imbéciles, o para los que gallean de nación pero no comparten la palabra: mierdecillas aldeanos que, por defender la memoria propia, niegan y ofenden la de otros. O, peor aún, la memoria que ellos mismos tienen en común con otros; que, además, suele ser casi toda.
  260. Y es verdad que cualquier detalle puede cambiar la vida: un camino que se toma, por ejemplo, o que se tarda en tomar a causa de una conversación, de un cigarrillo, de un recuerdo.
  261. Y fue entonces cuando el capitán de la Cuesta, que andaba fatal de lenguas extranjeras pero tenía una memoria estupenda, dijo aquello de «ni srinden, ni veijiven, ni la puta que los parió, sin cuartel, señores, acordaos, ni un hereje vivo en este reducto»
  262. Y siguiendo con los Paulos Coelhos, que son muy peligrosos. Y no lo digo específicamente por Paulo Coelho, que a mí me cae bien en lo personal, sino por todo ese buen rollito, todo ese rollito del «vamos a besarnos todos en la boca y así llegaremos a la felicidad…». ¡Eso es mentira! ¡Es mentira! Y crea una alienación muy peligrosa. Prefiero mil veces la lucidez dolorida, que te permite estar alerta, antes que la ataraxia y el sueño de los besitos, que no va a ninguna parte.
  263. Y supo de mujeres capaces de desmontar con minuciosidad de relojero los resortes que mueven a un hombre.
  264. Ya lo decían los griegos. Un pueblo libre y alegre será naturalmente laborioso. —Exacto. Y a los buenos gobernantes corresponde no imponer, sino garantizar esa clase de felicidad. —En
  265. Ya no había nada que él pudiera hacer, así que se dejó ir resignado, triste, como quien se desliza a lo largo de un pozo profundo y oscuro. Hasta
  266. Yo he visto arder muchas bibliotecas, muchas ciudades bombardeadas, y he visto mundos enteros irse al carajo con apretar un botón. Eso me ha liberado de incertidumbres y me ha dado seguridad. Qué paradoja más grande: una de esas seguridades es que da lo mismo. Hay gente empeñada en construir obras literarias, acueductos o catedrales con la intención de pervivir. Están equivocados. Todo es más simple: yo escribo, tengo una biblioteca y navego. Ésa es mi vida, me basta y me sobra. Pretender universalidades, trascendencias, reconocimientos…
  267. Yo nazco en Cartagena, una ciudad a orillas del Mediterráneo con más de tres mil años de historia. Y nazco en una biblioteca, en la de mi abuelo, en donde están las historias de ese mar; las historias de las Cruzadas y de los griegos y del Peloponeso y de la batalla de Salamina. De los corsarios, de los berberiscos… Para mí, el mar es escuela, es memoria, es historia. Y es mi casa.
  268. Yo no tengo ideología, amigo mío. Yo lo que tengo es biblioteca.
  269. Yo quería remarcar en Ojos azules la brutalidad. Esa América nueva nace de la brutalidad. Esos españoles fueron a lo que fueron: por el oro y por las indias. Pero sin quererlo ni pretenderlo, en ese episodio brutal, terrible, cruel y sangriento que fue la conquista de América, por ambas partes, se gestó algo nuevo. En ese vislumbrar la modernidad por algunos indios, como los tlaxcaltecas, que decidieron que el futuro y la modernidad eran los españoles y lucharon a su lado siéndoles fieles, incluso en esa noche trágica. En ese mundo tan confuso y apasionante, en ese amanecer de un mundo nuevo se produce un mestizaje

Ultima actualización:  22 de noviembre de 2018

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