La mejor selecci√≥n de frases celebres de Arturo P√©rez Reverte  en im√°genes y texto.

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Te dejo con las frases celebres en imágenes tras los datos de Arturo Pérez Reverte.

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FRASES CELEBRES DE ARTURO P√ČREZ REVERTE :

Que vas a encontrar aqui:

¬ŅQUIEN FUE ARTURO P√ČREZ REVERTE

Periodista y reportero de guerra para TVE. Estando en casi todos los conflictos b√©licos de los a√Īos 80 y 90 del siglo pasado.

Ahora escritor de best Sellers como Las Aventuras del Capitán Alatriste o su ultimo libre de la serie Falcó Sabotaje.

 

 

 

Mienbro de la Real Academia de la Lengua.

Nombre de Nacimiento:

Arturo Pérez-Reverte Gutiérrez Ver y modificar los datos en Wikidata

Fecha de Nacimiento:

El 25 de noviembre de 1951

Lugar de Nacimiento:

En Cartagena,¬†Espa√Īa.

LAS MEJORES FRASES

DE ARTURO P√ČREZ REVERTE EN IM√ĀGENES:

BIOGRAF√ćA:

Te dejo el enlace a la biografía de Arturo Pérez Reverte en la wikipedia.

LOS LUGARES PRINCIPALES EN LA VIDA DE ARTURO P√ČREZ REVERTE :

Lugar de nacimiento: Cartagena, Espa√Īa.

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LAS MEJORES CITAS C√ČLEBRES DE ARTURO P√ČREZ REVERTE EN TEXTO:

  1. ¬ŅAlguien puede decirme qu√© diantre es eso?
  2. ¬ŅContradictorio? Esto es Espa√Īa, querido amigo. S√≥lo es una faceta m√°s del poli√©drico disparate.
  3. ¬ŅHan podido las naciones, a no faltarles el juicio, conferir a los que hacen depositarios de sus derechos el de hacerlos constantemente desgraciados?
  4. ¬ŅNo es mejor echarse en brazos de una naturaleza ciega, desprovista de sabidur√≠a y objetivos, que temblar toda la vida esclavizados por una supuesta Inteligencia Todopoderosa, que ha dispuesto sus sublimes designios para que los pobres mortales tengan la libertad de desobedecerlos, y convertirse as√≠ en continuas v√≠ctimas de su c√≥lera implacable?
  5. ¬ŅNo se sinti√≥ nunca como uno de esos peones de ajedrez pasados, que se olvidan en un rinc√≥n del tablero y oyen apagarse a su espalda el rumor de la batalla mientras intentan mantenerse erguidos, pregunt√°ndose si queda en pie un rey al que seguir sirviendo?
  6. ¬ŅTanta importancia dais al valor? ‚ÄĒA veces es lo √ļnico que queda ‚ÄĒrespondi√≥ con sencillez el capit√°n‚ÄĒ. Sobre todo en tiempos como √©stos, cuando hasta las banderas y el nombre de Dios sirven para hacer negocio.
  7. ¬ŅTe acuerdas de la Mar√≠a Fernanda? Asiente Raposo, guas√≥n. ‚ÄĒNos acordamos yo y media Espa√Īa.
  8. ¬ŅY es cierto eso que dicen? ¬ŅQue el car√°cter de una mujer se muestra con m√°s sinceridad cuando baila?
  9. A esta edad hay m√°s historias por escribir que tiempo para ocuparse de ellas. Elegir una implica dejar morir otras. Por eso es necesario escoger con cuidado. Equivocarse lo justo.
  10. A fin de cuentas, se consoló, por mucho que duela y tardes en morir, al final siempre te mueres. Y quien muere, descansa.
  11. A la fuerza se acababa aprendiendo, por supuesto. El problema era que, en aquel tiempo y circunstancias, podía no llegarse a vivir lo suficiente para aprender un carajo.
  12. A medida que transcurría el tiempo, se afirmaba en la certeza de que el mundo y la vida eran más fáciles de entender a través de un libro.
  13. A mí no me mueve el amor por la humanidad, sino el desprecio hacia ella.
  14. A poco que vivas, la vida les quita la letra may√ļscula a palabras que antes escrib√≠as con ella: Honor, Patria, Bandera.
  15. A unas calles bajas de esta ciudad donde lo fastuoso de la urbe se entenebrece ante la sordidez de la vida de los más desfavorecidos, donde toda necesidad tiene su ejemplo y todo vicio su triste manifestación.
  16. Acudiendo a la cita como la mayor parte de las mujeres acudían a la primera cita: más por curiosidad y desafío que por deseo.
  17. Además de la ropa cara, los cigarrillos ingleses, los objetos de plata y de cuero, los analgésicos para el dolor de cabeza, la vida incierta y las mujeres hermosas, a Lorenzo Falcó le gustaban las cosas salpimentadas con detalles. Con solera.
  18. Ah√≠ les tienen resignados a lo poco que tienen, se arrodillan, rezan y besan la mano de curas y pr√≠ncipes porque sus padres, tan idiotas como ellos, les ense√Īaron a hacerlo… No son los tiranos los que hacen esclavos. Son los esclavos los que hacen a los tiranos.
  19. Al final a uno lo derrotan siempre. Creo que la derrota es algo inherente a la condición humana, al hecho de vivir y de pelear. Por mucho que venzas, siempre al final hay alguien que te derrota, siempre hay un Rocroi, por mucho que triunfes siempre hay un iceberg esperando al Titanic.
  20. Algo parecido a la Primavera de Vivaldi silbada por Jack el Destripador en plena faena. En tono bajito, casi íntimo.
  21. Algunos preferimos, supongo, los vicios que nos divierten a las virtudes que nos aburren.
  22. Anda y que te den por culo. ‚ÄĒHoy ya no tengo tiempo, gal√°n.
  23. Apatía y resignación, son las palabras nacionales.
  24. Aqu√≠ pocas veces nos gobern√≥ la raz√≥n. Solemos quemarla, fusilarla, meterla en la c√°rcel u obligarla al exilio. Casi siempre nos gobernaron las v√≠sceras, el fanatismo, la incultura, los confesores del rey y de la reina, los sinverg√ľenzas, los criminales y los cobardes. Con la colaboraci√≥n entusiasta o indiferente, c√≥mplice por activa o pasiva, de sucesivas generaciones de ovejas encantadas de serlo. No es casual que todos nuestros tiranos, real o metaf√≥ricamente, mueran en la cama.
  25. As√≠ podr√° instruirse y estudiar leyes para sangrar de su √ļltimo maraved√≠ a los pleiteantes; como hacen vuestras mercedes los abogados, escribanos y otras gentes de mal vivir.
  26. As√≠, tras haber tenido buen n√ļmero de amantes, una mujer debe considerarse afortunada si sabe convertir a alguno de ellos, el m√°s inteligente, en un fiel y leal amigo.
  27. Bajo un dios injusto y temible, un devoto apacible es alguien que no ha razonado en absoluto.
  28. Barro, sangre y mierda. Eso era la guerra, eso era todo, Santo Dios. Eso era todo.
  29. Bendito el cura que la bautizó a usted, hermosa.
  30. Bien mirado, el mundo ha dejado de pensar en la muerte. Creer que no vamos a morir nos hace débiles, y peores.
  31. Cada cual tiene el diablo que se merece.
  32. Cada vez tienen m√°s sitio los idiotas.
  33. Cambia mucho las cosas, en tal sentido, recorrer la Mancha con el Quijote en las manos, visitar Palermo habiendo leído El Gatopardo, pasear por Buenos Aires con Borges o Bioy Casares en el recuerdo, o caminar por Hisarlik sabiendo que allí hubo una ciudad llamada Troya, y que los zapatos del viajero llevan el mismo polvo por el que Aquiles arrastró el cadáver de Héctor atado a su carro.
  34. Claro que M√©xico es un narcoestado, cuando no hay alternativas hay dos tipos de hombres: aquel que se resigna a ser un siervo o esclavo en la milpa o el que decide que va a pelear hasta reventar para salir de eso. Y este √ļltimo es el que hace las cosas: el que conquista Am√©rica, el que lleva el narco, etc√©tera. Por eso tengo m√°s simpat√≠a por aquel que se arriesga y se la juega que por el hijo de puta que est√° detr√°s de un despacho, en Los Pinos o donde sea, no se juega nada y est√° a la hora de recibir el dinero fruto del beneficio de la operaci√≥n.
  35. Código del escorpión: mira despacio, pica rápido y vete más rápido todavía.
  36. Como acaba de leer el se√Īor secretario, se trata de elegir entre nuestros compa√Īeros a dos hombres buenos.
  37. Como saben, me gusta recordar viejos episodios de nuestra Historia. Sobre todo si causan respeto por lo que algunos paisanos nuestros fueron capaces de hacer. O intentar. Situaciones con posible lectura paralela, de aplicaci√≥n al tiempo en que vivimos. Les aseguro que es un ejercicio casi analg√©sico; sobre todo esos d√≠as funestos, cuando creo que la √ļnica soluci√≥n ser√≠an toneladas de napalm seguidas por una repoblaci√≥n de parejas mixtas compuestas, por ejemplo, de suecos y africanos. Sin embargo, cuando una de esas viejas historias viene a la memoria, concluyo que quiz√°s no sea imprescindible el napalm. Siempre hubo aqu√≠ compatriotas capaces de hacer cosas que valen la pena, me digo. Y en alguna parte estar√°n todav√≠a. Como estuvieron.
  38. Como ve, la incertidumbre corresponde al jugador, no a las reglas… De las infinitas trayectorias posibles de una bala, s√≥lo una ocurre en la realidad.
  39. Con rusos y con mujeres nunca se sabe.
  40. Conoc√≠an en sus carnes que el servicio del rey nuestro se√Īor era de harta exigencia a la hora de morir, pero de mal pago en la de seguir vivos.
  41. Creo en varias cosas. Que la mejor pu√Īalada se da en la ingle, de abajo arriba. En guerreros silenciosos y mujeres valientes. Creo en quienes toda su vida procuran pensar como griegos, pelear como troyanos y morir como romanos. Creo en que todos morimos solos y a ciegas. Y que para hacerlo con dignidad se requiere un largo entrenamiento. Creo en las piedras viejas y en los cuadros oscuros y en los atardeceres rojizos sobre el mar. Y en parejas j√≥venes que se besan. Y creo en algunas otras cosas que no le contar√© nunca.
  42. Creo que el peor da√Īo social es la ignorancia aliada con la estupidez y el poder. En Espa√Īa, independientemente de ideolog√≠as, esa trilog√≠a letal se da con desagradable frecuencia. A algunos basta o√≠rlos expresarse para comprender que, no es que no hayan ni hecho el Bachillerato, es que alardean p√ļblicamente de ello.
  43. Creo que en el mundo de hoy la √ļnica libertad posible es la indiferencia. Por eso seguir√© viviendo con mi sable y mi caballo.
  44. Creo que Espa√Īa no debe pedir perd√≥n. ¬ŅPor qu√©? Se trata de otra Espa√Īa. Hubo un mestizaje hist√≥rico que se dio as√≠, entonces no veo la raz√≥n de por qu√© pedir perd√≥n, si acaso deber√≠an pedirlo los abuelos de los mexicanos, que son m√°s responsables que los m√≠os.
  45. Creo que la Humanidad se divide b√°sicamente en dos clases de personas: las que saben que van a morir, y las que prefieren no saberlo.
  46. Cualquier hombre cabal puede escoger la forma y el lugar donde morir, pero nadie elige las cosas que recuerda.
  47. Cuando hablan de celebrar el Bicentenario, yo creo que m√°s que celebrar deber√≠an conmemorar con una misa f√ļnebre, porque realmente en 200 a√Īosmurieron muchas esperanzas de libertad, de progreso y de justicia y todav√≠a siguen sin estar vivas esas esperanzas
  48. Cuando H√©ctor o Aquiles no tienen la suerte de morir en Troya, se convierten en Ulises intentando regresar a √ćtaca bajo un cielo sin dioses, y llam√°ndose Nadie para sobrevivir en la cueva del c√≠clope. Cualquier imb√©cil puede ser H√©ctor o Aquiles. Lo dif√≠cil es ser Ulises con una Troya ardiendo en la memoria. √Čse es el h√©roe que me interesa, y con √©l escribo novelas. Quiz√° porque a mi edad soy m√°s Ulises que Aquiles y yo tambi√©n tengo sangre en las u√Īas y alguna Troya ardiendo a las espaldas. En realidad, todas mis novelas hablan sobre lo mismo: sobre ese Ulises, hombre o mujer, movi√©ndose por territorio hostil. Por territorio enemigo.
  49. Cuando veo todas esas camisas negras, pardas, rojas o azules, exigiendo que te afilies a esto o aquello, pienso que antes el mundo era de los ricos y ahora va a ser de los resentidos.
  50. Cuánto más peligro tiene un imbécil que un malvado.
  51. Cuerpo a cuerpo he de matalle donde Sevilla lo vea, en la plaza o en la calle; que al que mata y no pelea nadie puede disculpalle; y gana más el que muere a traición, que el que le mata.
  52. De vez en cuando el género humano necesite irse un rato al carajo. Irse bien ido, y que alguien dé un empujoncito para facilitar el viaje.
  53. D√©jennos volver a Espa√Īa y que cada chucho se lama su propio √≥rgano, mesi√©, dicho en fino, o sea.
  54. desconfíen siempre vuestras mercedes de quien es lector de un solo libro.
  55. Desde muy joven hab√≠a aprendido, a costa de algunas r√°pidas desilusiones propias, una lecci√≥n crucial: las mujeres se sent√≠an atra√≠das por los caballeros, pero prefer√≠an irse a la cama con los canallas. Era matem√°tico. ‚ÄĒ¬ŅTe
  56. Desde siempre, ser l√ļcido y espa√Īol aparej√≥ gran amargura y poca esperanza.
  57. Después de todo, qué sería de nosotros sin nosotros mismos, pensaba. La vida es un naufragio, y cada uno echa a nadar como puede.
  58. Después, con el tiempo, aprendí que, aunque todos los hombres somos capaces de lo bueno y de lo malo, los peores siempre son aquellos que, cuando administran el mal, lo hacen amparándose en la autoridad de otros, en la subordinación o en el pretexto de las órdenes recibidas.
  59. Dormidos al borde de un abismo que los cortesanos y los oportunistas cubren de flores ‚ÄĒconcluye, casi po√©tico.
  60. El capitán, seguro de no resistir mucho rato frente a cinco hombres armados y diestros en el oficio, decidió no andarse con lindezas de esgrima, y en vez de curar su salud procuró desbaratar la de sus enemigos.
  61. el deber de pelear cuando hay que hacerlo, al margen de la naci√≥n y la bandera; que, al cabo, en cualquier nacido no suelen ser una y otra sino puro azar. Hablo de empu√Īar el acero, afirmar los pies y ajustar el precio de la propia piel a cuchilladas en vez de entregarla como oveja en matadero. Hablo de conocer, y aprovechar, que raras veces la vida ofrece ocasi√≥n de perderla con dignidad y con honra.
  62. el d√≠a en pedir, y la noche en conceder. Es el marido quien deber√≠a influir en la mujer; pero como las tres cuartas partes de los hombres carecen de car√°cter, de fuerza y de dignidad, son ellas quienes se hacen cargo a menudo de las cosas… Aqu√≠
  63. el dinero de los tontos es el patrimonio de los listos.
  64. El espa√Īol es hist√≥ricamente un hijo de puta.
  65. El espa√Īol no es una lengua nacionalista, porque no es una se√Īa de identidad para nadie; es plurinacional y multiling√ľe. A pesar de lo que dicen los est√ļpidos y los manipuladores, es una lengua generosa, abierta, donde cabe todo el mundo y donde cualquier variante documentada con rigor es incorporada.
  66. El éxito tiene un par de ventajas y algunos inconvenientes. Los inconvenientes me los callo, pero en cuanto a las ventajas podríamos citar dos: me da la independencia de vivir como quiero y decir lo que quiero, y los maitres me dan mejores mesas en los restaurantes.
  67. El heroísmo ajeno siempre conmueve una barbaridad.
  68. El hombre es infeliz porque ignora a la naturaleza. Incapaz de interrogarla de modo cient√≠fico, no percibe que √©sta, desprovista tanto de maldad como de bondad intr√≠nsecas, se limita a seguir leyes inmutables y necesarias… O dicho de otra manera, que no puede actuar de modo distinto al que act√ļa. Por eso los hombres, en su ignorancia, se someten a hombres iguales que ellos: reyes, hechiceros y sacerdotes, a los que su estupidez los hace considerar dioses sobre la tierra. Y √©stos aprovechan para esclavizarlos, corromperlos y volverlos viciosos y miserables.
  69. El hombre moderno se niega a aceptar las reglas: el mundo es un lugar peligroso, hostil, todo Titanic tiene su iceberg, y nos negamos a verlo. La gente se deja timar por las agencias de viaje que hablan de lugares paradis√≠acos, pero el mundo es un sitio muy jodido. Es que los barcos se hunden, y los virus te infectan, y las balas te matan… es asombroso que la gente se niegue a aceptar que el mundo es un lugar as√≠, pero los viejos lo sab√≠an y nosotros lo hemos olvidado. Mira el cuadro de Brueghel el Viejo del Prado: esos viejos lo sab√≠an, y con nuestra estupidez lo olvidamos todo y pagamos el precio de ese olvido. Y o√≠mos:
  70. El hombre tortura y mata porque es lo suyo. Le gusta.
  71. El hombre…, cree ser el amante de una mujer, cuando en realidad es s√≥lo su testigo.
  72. El lector debe prepararse para asistir a las m√°s siniestras escenas.
  73. El maestro debe inspirar al alumno temor y respeto. [… ] La admiraci√≥n va incluida. El maestro es alguien superior que tiene un conocimiento superior y lo transmite a los alumnos. √Čsa debe ser la base. A lo mejor √©sta es una concepci√≥n que ya no tiene que ver con la realidad, pero es en la que creo. Hablamos de la educaci√≥n de chicos que a los veinte a√Īos tienen que tener conocimientos elementales de su cultura, su historia, su entorno. Cualquiera que tenga un hijo en edad escolar tiene que estar subi√©ndose por las paredes, y no por las clases de religi√≥n, qu√© pu√Īetas, sino por el desmantelamiento de la cultura en todos los √≥rdenes.
  74. El m√°s eficaz aliado de los sinverg√ľenzas siempre fueron los enjambres de tontos que hacen el trabajo sucio. Que les facilitan el trabajo.
  75. El mundo nunca supo tanto de s√≠ mismo y de su naturaleza como ahora, pero no le sirve de nada. Siempre hubo maremotos, f√≠jese. Lo que pasa es que antes no pretend√≠amos tener hoteles de lujo en primera l√≠nea de playa… El hombre crea eufemismos y cortinas de huo para negar las leyes de la naturaleza. Tambi√©n para negar la infame condici√≥n que le es propia. Y cada despertar le cesta los doscientos muertos de un avi√≥n que se cae, los doscientos mil de un tsunami o el mill√≥n de una guerra civil.
  76. El peor mal del ser humano fue inventar la palabra. Mira si no los perros. Así de leales son porque no hablan.
  77. el principio es cierto: la debilidad sienta bien a una mujer, y nosotras lo sabemos. Nos interesa parecer delicadas y necesitadas del hombre.
  78. El problema al que me refiero es que no aceptamos que existe esa segunda parte, que la naturaleza alg√ļn d√≠a ser√° naturaleza. Como dice Heine, un d√≠a el dios se despereza, estira los brazos y nos golpea. Viene el tsunami y el hombre se queda, no ante el horror, sino ante la realidad‚ĶAntes, el hombre sab√≠a que la naturaleza tiene sus leyes. Ahora lo ignoramos y no queremos pagar el precio cuando llega el maremoto y la naturaleza dice ¬ęaqu√≠ estoy.
  79. El problema de las palabras es que, una vez echadas, no pueden volverse solas a su due√Īo. De modo que a veces te las vuelven en la punta de un acero.
  80. El pueblo no fue m√°s que la infanter√≠a de Bol√≠var, la infanter√≠a de San Mart√≠n, la del cura Hidalgo… Gente desesperada, que lo sigue estando todav√≠a. Durante 200 a√Īos el pueblo no ha ganado nada con la independencia; lo han ganado las clases dirigentes que estaban antes con los espa√Īoles y ahora sin los espa√Īoles, que es la misma. Nunca hubo una revoluci√≥n real en Am√©rica. Hubo una independencia econ√≥mica y comercial de clases acomodadas, pero el pueblo siempre estuvo ausente.
  81. El seductor no lo es sino para la que quiere ser seducida, y la verdadera virtud puede conservarse intacta entre todo lo dem√°s. El amor es ligero, vol√°til, y se esfuma con el aburrimiento… ¬ŅComprende lo que quiero decir?
  82. El ser humano es bestia torpe a la que no mueven los buenos sentimientos, sino el l√°tigo. Para
  83. El ser humano ha olvidado que no tiene otro remedio que convivir con el espanto de la naturaleza, con la frialdad de la naturaleza, que es como el corte de un bistur√≠ sobre una mesa de m√°rmol. Eso est√° ah√≠. Los humanos nos hemos protegido de esa frialdad, nos hemos rodeado de una serie de amortiguadores, tratando de sobrevivir f√≠sica e intelectualmente ante el hecho de que somos insectos bajo la bota de los dioses. ¬ŅQu√© pasa? Que ignorar esa realidad es una mentira. Si t√ļ construyes una urbanizaci√≥n en una ca√Īada, alg√ļn d√≠a bajar√° el agua por ah√≠. Aunque tarde siglos, bajar√° y se lo llevar√° todo. Entonces, cada vez que hacemos algo, esto lleva impl√≠cito el desastre.
  84. El título es Limpia, mata y da esplendor: una historia de crímenes con el fantasma de Cervantes, que vagaría por nuestro edificio haciéndose visible sólo a los conserjes.
  85. Embrutecidos en sus peque√Īas miserias, sin ver m√°s all√°. Sin desear la aurora de las ideas que les liberen… Ajenos a cuanto no sea comer, beber, re√Īir, dormir y procrear.
  86. En América la Independencia no fue del pueblo, y cuando dicen eso mienten como bellacos.
  87. En aquel entonces, adem√°s de los bailes de sal√≥n que le serv√≠an para ganarse la vida ‚ÄĒtango, foxtrot, boston‚ÄĒ, dominaba como nadie el arte de crear fuegos artificiales con las palabras y dibujar melanc√≥licos paisajes con los silencios.
  88. En aquel tiempo la justicia seglar era tan cruel como la eclesiástica, y las gentes también lo eran, por incultura y por afición natural del vulgo a ver descuartizar al prójimo.
  89. En aquella ciudad, donde a menudo lo ilegal es convenci√≥n social y forma de vida –es herencia de familia, dice un corrido famoso, trabajar contra la ley–, Teresa Mendoza fue durante alg√ļn tiempo una de esas j√≥venes, hasta que cierta ranchera Bronco negra se detuvo a su lado, y Raimundo D√°vila Parra baj√≥ el cristal tintado de la ventanilla y se la quedo mirando desde el asiento del conductor. (p. 26 en LA REINA DEL SUR)
  90. En cuanto a mí, sólo sé que no sé nada. Y cuando quiero saber busco en los libros, a los que nunca falla la memoria.
  91. En el fondo ‚ÄĒdice‚ÄĒ, a una mujer de mundo le gusta saber que hay hombres superiores a otros, m√°s audaces y elegantes, que no defraudar√°n su vanidad, no se detendr√°n ante su pretendida virtud, y tomar√°n la iniciativa usando, incluso, la violencia adecuada que sirva de excusa a la mujer… ¬ŅMe explico?
  92. En la guerra sobrevives gracias a los accidentes del terreno. Eso deja un sentido especial del paisaje. ¬ŅNo le parece?
  93. En la vida lo malo no es conocer, sino mostrar que se conoce.
  94. En literatura, el tiempo es un naufragio en el que Dios reconoce a los suyos.
  95. En los tiempos de oscuridad, la ignorancia del hombre era disculpable. En un siglo ilustrado como éste, resulta imperdonable.
  96. En realidad estoy menos orgulloso de lo que soy que de lo que he conseguido no ser.
  97. En un mundo donde el horror se vende como arte, donde el arte nace ya con la pretensión de ser fotografiado, donde convivir con las imágenes del sufrimiento no tiene relación con la conciencia ni con la compasión, las fotos de guerra no sirven para nada.
  98. en un mundo injusto como el que le ha tocado conocer, sólo hay dos maneras posibles de soportar la injusticia, sea divina o humana: resignándose a sufrirla, o aliándose con ella.
  99. En un mundo venal, hecho de hipocres√≠a y falsas maneras, los poderosos, los buitres carro√Īeros, los envidiosos, los cobardes y los canallas suelen encubrirse unos a otros.
  100. Era usted un buen fotógrafo porque fotografiar es encuadrar, y encuadrar es elegir y excluir. Salvar unas cosas y condenar otras. No todo el mundo puede hacer eso: erguirse juez de cuanto pasa alrededor. Nadie que ame de verdad puede dictar esa clase de sentencias.
  101. Es a la física y a la experiencia a las que debe recurrir el hombre. A ellas debe consultar en su religión y en su moral, en sus leyes y en su gobierno político, en las ciencias y en las artes, en los placeres y en las desgracias. Barón Holbach. Sistema de la naturaleza
  102. Es agradable ser feliz, pensó. Y saberlo mientras lo eres.
  103. Es la duda la que mantiene joven a la gente. La certeza es como un virus maligno. Te contagia de vejez.
  104. Es muy f√°cil ser h√©roe rodeado de gente que te aclama, lo dif√≠cil es serlo en soledad, cuando el √ļnico testigo es el coraje, el honor, el valor
  105. Es un error grave mirar al pasado con los ojos del presente.
  106. Es usted un mal bicho. ‚ÄĒHay d√≠as que s√≠. Algo.
  107. Eso lo había aprendido en Hispanoamérica, donde la gente se fusilaba [mutuamente] hablándose todo el rato de usted.
  108. Esos hijoputas ya son dif√≠ciles como aliados, as√≠ que cuando sepan que estamos fusilando a los paisanos para que los pinte al √≥leo ese tipo, Goya, fig√ļrese la que nos pueden organizar.
  109. Espa√Īa es un pa√≠s cada vez m√°s inculto
  110. Espa√Īa es un pa√≠s en el que las ilusiones se van r√°pido, las decepciones se acumulan, y en el que cualquier espa√Īol se da cuenta de que hay algo que est√° fallando desde hace siglos, lo que produce un cansancio hist√≥rico.
  111. Espa√Īa es un pa√≠s gozosamente inculto
  112. Espa√Īa es un pa√≠s hist√≥ricamente enfermo. Se ve muy bien en cuanto escarbas un poco en la historia: desde Ind√≠bil y Mandonio, los Austrias, la Ilustraci√≥n… Hasta ahora mismo… Mira c√≥mo nos estamos cargando la democracia. En cuando se empieza a perfilar una Espa√Īa distinta, esa Espa√Īa que empieza a ser posible, la destruyen los mismos espa√Īoles: la arrogancia de unos y el fanatismo de los otros. En C√°diz, los constitucionalistas liberales no supieron ver lo que era posible y no era posible. Quisieron hacer una constituci√≥n radical de la noche a la ma√Īana, y eso era imposible. La misma constituci√≥n ten√≠a el gen de su destrucci√≥n. Y cuando lees las actas de los debates, ves c√≥mo se odiaban unos a otros, c√≥mo se puteaban, c√≥mo usaban la Prensa como arma arrojadiza… c√≥mo ese esquema dial√©ctico, terrible y destructivo, se va reproduciendo en el siglo XIX, XX y XXI. El oportunismo pol√≠tico ya se da en la Constituci√≥n de C√°diz. Es desolador ver c√≥mo el espa√Īol repite los errores, c√≥mo se carga lo que se le ponga delante.
  113. Espa√Īa es uno de los pa√≠ses m√°s afortunados del mundo, y al mismo tiempo el m√°s est√ļpido. Aqu√≠ vivimos como en ning√ļn otro lugar de Europa, y la prueba es que los guiris saben d√≥nde calentarse los huesos. Lo tenemos todo, pero nos gusta reventarlo. Hablo de ustedes y de m√≠. Nuestra envilecida y analfabeta clase pol√≠tica, nuestros caciques territoriales, nuestros obispos siniestros, nuestra infame educaci√≥n, nuestras ministras idiotas del miembro y de la miembra, son reflejo de la sociedad que los elige, los aplaude, los disfruta y los soporta.
  114. Espa√Īa se mete en el siglo XVI en una empresa imposible de resolver. Hay dos factores que lo impiden. Por una parte, es demasiado imperio para una monarqu√≠a no descentralizada. Desde el Escorial no se puede gobernar todo el imperio, no existe Internet, no existe el tel√©fono, no existe el telegrama. Y es imposible, por mucha voluntad que se le eche. Por otra parte, el sistema espa√Īol es absolutamente imperfecto, basado en una pol√≠tica no realista, y la Religi√≥n nos machaca. Cuando Felipe II dice que no est√° dispuesto a ser rey de herejes, ah√≠ est√° firmando la sentencia de muerte del Imperio. Siempre digo que en Trento nos equivocamos de Dios, apostamos por un Dios reaccionario. El Dios moderno era el del Norte, el luterano, el que permit√≠a negocios, con una burgues√≠a que comerciaba, le√≠a, viajaba, con ventanas abiertas al futuro. En vez de apostar por ese Dios moderno, el que con el tiempo se ha demostrado que ten√≠a posibilidades de futuro, lo hicimos por el oscuro, el reaccionario, el de los prejuicios, las hogueras, el de los confesores diciendo al Rey a qui√©n hab√≠a que quemar. La Monarqu√≠a no ten√≠a los elementos ni morales ni materiales para hacer frente al desaf√≠o de mantener ese imperio.
  115. Est√° tan gorda, que sus amantes pueden besarla durante toda una noche sin besarla nunca en el mismo sitio…
  116. Establecimientos p√ļblicos de moral relajada o equ√≠voca, que en aquella Espa√Īa parad√≥jica, singular e irrepetible, se ve√≠an tan frecuentados como las iglesias, y a menudo por la misma gente.
  117. Estoy convencida de que cada edificio, cada cuadro, cada libro antiguo que se destruye o se pierde, nos hace un poco más huérfanos. Nos empobrece.
  118. Estoy harto de este matasiete de sal√≥n, con su cord√≥n rojo y su desverg√ľenza camuflada tras una seca cortes√≠a que a nadie enga√Īa. Si me anda buscando, es hora de que me encuentre.
  119. Gracias a usted ya no puedo creer en las certidumbres de los que tienen una casa, una familia, unos amigos.
  120. Hab√≠a aprendido que lo malo no era la espera, sino las cosas que imaginas mientras esperas‚ÄĚ.
  121. Hay mujeres admirables, acostumbradas a pensar. Damas inteligentes, libres de esp√≠ritu, que se sit√ļan por encima de los prejuicios y combinan el alma fuerte de los hombres con la sensibilidad de su sexo. ‚ÄĒEso es muy cierto. Quiz√° por eso, las mujeres de talento aman m√°s tiernamente a sus viejos amigos que a sus j√≥venes amantes… Ellas pueden enga√Īar a veces al marido o al amante, pero nunca al amigo.
  122. hay un ejercicio fascinante, a medio camino entre la literatura y la vida: visitar lugares leídos en libros
  123. He visto arder la biblioteca de Sarajevo, he visto tipos muy poderosos hoy, que al día siguiente pedían de rodillas que no les matasen, he visto mujeres bellísimas, que eran las reinas de la fiesta, prostituirse al cabo de un mes por un paquete de cigarros. Y cuando uno ha visto esas cosas, las tienes en la memoria y con ellas escribes novelas, te das cuenta de que la posteridad importa muy poco.
  124. Hoy digo Bringas algo en lo que convengo: no son los tiranos lo que hacen a los esclavos, sino éstos quienes hacen a los tiranos.
  125. Imaginad el cuadro: sería vuestra merced tan amable de venir a la luz y destocarse, caballero, gracias, veo que sois el más rubio, permitid que os introduzca una cuarta de acero toledano en los higadillos.
  126. Insistir, a estas alturas, en que aprecio en general más a los perros que a los hombres es una obviedad que no remacharé demasiado. He dicho alguna vez que si la raza humana desapareciera de la faz de la tierra, ésta ganaría mucho en el cambio; mientras que sin perros sería un lugar más oscuro e insoportable. Cuestión de lealtad, supongo. Hay quien valora unas cosas y quien valora otras. Por mi parte, creo que la lealtad incondicional, a prueba de todo, es una de las pocas cosas que no pueden comprarse con retórica ni dinero. Tal vez por eso, la lealtad, en hombres o en animales, siempre me humedece un poquito las gafas de sol.
  127. Irremediablemente, él nota el regusto de melancolía. De pronto los recuerdos acuden atropellándose: palabras breves como gemidos deslizándose por una piel desnuda, escorzo de líneas largas y suaves reflejadas sobre un espejo que multiplicaba el gris de afuera, en el contraluz plomizo de una ventana que, como un cuadro francés de primeros de siglo, enmarcaba palmeras mojadas, mar y lluvia.
  128. Juro a vuestras mercedes que no lograba odiarla. Por el contrario, la certeza de que ten√≠a parte en mi desgracia dej√°bame un regusto agridulce, que intensificaba el hechizo de su recuerdo. Era malvada ‚Äďy a√ļn lo fue m√°s con el tiempo, voto a Cristo‚Äď pero era bell√≠sima. Y justo esa connivencia de maldad y de belleza, tan ligadas una a otra, me causaba una fascinaci√≥n intensa, un doloroso placer al sufrir trabajos y penar por su causa.
  129. la certeza de moverse a sus anchas por un paisaje hostil, desolado como la vida misma, con la confortable sensación de que nada propio se dejaba atrás, y nada había por delante lo bastante terrible como para refrenarle a uno el paso. Aquéllas
  130. la fuerza de los desesperados es no esperar salvación alguna
  131. La gente se mueve por hambre, la historia de la humanidad la hace el hambre. En Espa√Īa hab√≠a mucha miseria y Am√©rica se presentaba como un mundo de oportunidad. Y hab√≠a que ser muy valiente para embarcarse hacia un mundo desconocido.
  132. La guerra de Lorenzo Falcó era otra, y en ella los bandos estaban perfectamente claros: de una parte él, y de la otra todos los demás.
  133. La guerra es el estado normal del hombre.
  134. La guerra no es la anomalía, nos comportamos en la guerra como en la paz. Sólo que en la guerra no funcionan los frenos que la sociedad te pone. Pero si a la sociedad en la que estamos le quitas los mecanismos de control, todo es igual que en la guerra.
  135. La historia ha demostrado mil veces que no hay nada mas peligroso como un espa√Īol acorralado” 10 de Febrero de 2013
  136. La Independencia la hicieron unas clases ilustradas, criollas, mestizas, espa√Īoles afincados all√≠ y criollos que decidieron con todo el derecho y legitimidad del mundo que ya estaba bien de depender de los impuestos, las normas, las rigideces impuestas por un sistema econ√≥mico anquilosado y anticuado que era el que se impon√≠a en Espa√Īa.
  137. La rebeld√≠a es el √ļnico refugio digno de la inteligencia frente a la imbecilidad.
  138. La soberbia es, sin duda, el mayor pecado del hombre actual. Antes, el hombre pod√≠a ser soberbio, pero no era est√ļpido. Ahora, el hombre tiene la soberbia de la ignorancia, la peor de todas. La arrogancia del hombre moderno es inaudita. Por eso, esa cara de pasmo que se le ve a un padre en el telediario cuando saca en brazos a su hijo aplastado por el terremoto, y le notas esa expresi√≥n de incredulidad, ¬ę¬Ņc√≥mo ha podido pasar esto?¬Ľ. Despu√©s de estar tantos a√Īos all√≠ y vuelves, como cuando yo volv√≠a de Beirut, por ejemplo, y paseaba por las calles de aqu√≠ y ve√≠a las caras de la gente, me preguntaba: ¬Ņpero no se dan cuenta? ¬°Lo normal no es esto, lo normal es aquello! Y no hablo de pesimismo, sino de asumir las reglas del juego. Mi nueva novela es, precisamente, la historia de alguien que ha estado ah√≠, en el horror, y regresa y se pregunta d√≥nde puede encontrar el consuelo.
  139. La sucia Espa√Īa de toda la vida, enferma de s√≠ misma; la del rencor y la envidia cobarde; la del por qu√© √©l y yo no; la que desprecia cuanto ignora y odia cuanto envidia; la que retorna pidiendo cerillas y haces de le√Īa, exigiendo cunetas y paredones donde ajustar cuentas; la que s√≥lo se calma cuando le meten dinero en el bolsillo o ve pasar el cad√°ver del vecino de quien codicia la casa, el coche, la mujer, la hacienda. Al observar el comedero de cerdos en que, con la complicidad ciudadana, nuestra infame clase pol√≠tica ha convertido treinta a√Īos de democracia bien establecida, se comprenden muchos momentos terribles de nuestra historia.(…)Si retrocedi√©ramos en el tiempo y nos dieran un M√°user, un despacho de Gobernaci√≥n, una toga de juez en juicio sumar√≠simo, llenar√≠amos de nuevo los cementerios.(…)El problema somos nosotros: la vieja, triste y ruin Espa√Īa.
  140. La √ļnica salvaci√≥n posible estriba en dos palabras: educaci√≥n y cultura.
  141. La vida es muy traicionera, y cada uno se las ingenia como puede para mantener a raya el horror, la tristeza y la soledad. Yo lo hago con mis libros.
  142. Le ruego que dejemos a Dios y a sus ministros a un lado. ‚ÄĒAh, eso quisiera yo. Porque cambiar el signo de los tiempos no es asunto de Dios, sino de los hombres. De
  143. Llegamos a la costa con el resto del regimiento y los daneses y los mondieus pegados a los talones, bang-bang y todo el mundo corriendo, maric√≥n el √ļltimo.
  144. Lo agradable de los lugares donde uno recala depende, especialmente, de las personas que allí trabajan y le dan carácter.
  145. Lo bueno cuando arde Troya es que nada tienes que perder, pues nada esperas. Casi todo lo que cuento gira en torno a eso. Mis personajes siempre tienen una Troya ardiendo a sus espaldas.
  146. Lo hermoso es ense√Īar a volar a un gorrioncillo, porque en su libertad va impl√≠cita tu renuncia…
  147. Lo malo de estas cosas es que, hasta que el rabo no pasa, todo es toro.
  148. Los aplaudidores demagogos son a√ļn m√°s peligrosos y despreciables que los fundamentalistas. Al menos √©stos tienen fe.
  149. Los filósofos griegos tenían razón al decir que la guerra era la madre de todas las cosas.
  150. Los héroes pasan por nuestro lado sin que reparemos en ellos. Se sientan en la terraza de un bar, se sujetan a la barra del metro o hacen la cola en la oficina del paro, como tantos.
  151. Los humanos nos hemos protegido de esa frialdad, nos hemos rodeado de una serie de amortiguadores, tratando de sobrevivir f√≠sica e intelectualmente ante el hecho de que somos insectos bajo la bota de los dioses. ¬ŅQu√© pasa? Que ignorar esa realidad es una mentira. Si t√ļ construyes una urbanizaci√≥n en una ca√Īada, alg√ļn d√≠a bajar√° el agua por ah√≠. Aunque tarde siglos, bajar√° y se lo llevar√° todo. Entonces, cada vez que hacemos algo, esto lleva impl√≠cito el desastre.
  152. Los libros son puertas que te llevan a la calle, dec√≠a Patricia. Con ellos aprendes, te educas, viajas, sue√Īas, imaginas, vives otras vidas y multiplicas la tuya por mil.
  153. Los medios igual que hacen el mayor bien cuando denuncian la injusticia, tambi√©n hacen el mayor mal cuando, atentos al libro de estilo de lo pol√≠ticamente correcto, manipulan la realidad. Reproducen lo que es la sociedad y luego la sociedad se retroalimenta de ellos. Lo peor es que hoy no existe el esp√≠ritu cr√≠tico que hubo en Espa√Īa desde finales del siglo XIX hasta la II Rep√ļblica. ¬ŅQu√© gente hay a la altura de Ortega en la derecha o en la izquierda? Espa√Īa es un pa√≠s especialista en perder oportunidades. Entre el 98 y el 36 hubo una gran oportunidad; de la misma manera que la hubo a caballo de los siglos XVIII y XIX y que se perdi√≥ con la invasi√≥n napole√≥nica y Fernando VII. Y eso ha dejado un agujero que no se ha podido llenar con nada.
  154. Malditos sean quienes hacen posible que todo eso ocurra, y malditos sean también los alcaldes, los policías municipales y los guardias civiles y todos los demás que lo saben y lo consienten. Y es que hay chusma infame, gentuza sin conciencia, salvajes miserables a quienes sería insultar a los perros llamar hijos de perra.
  155. Mantenerse vivo, descubrí durante esos días, da muchas más fatigas que dejarse morir
  156. Me hubiera gustado ser franc√©s hace unas semanas, el d√≠a que entr√≥ en vigor la ley prohibiendo el uso del velo en los colegios p√ļblicos de all√≠. En un ejercicio admirable de civismo republicano, los dirigentes musulmanes franceses dijeron a sus correligionarios que, incluso pareci√©ndoles mal la ley, aquello era Francia, que las leyes estaban para cumplirlas, y que quien se beneficia de una sociedad libre y democr√°tica debe acatar las reglas que permiten a esa sociedad seguir siendo libre y democr√°tica. As√≠, todo transcurri√≥ con normalidad. Al llegar al cole las chicas se quitaban el velo, o no entraban. Y oigan. No hubo un incidente, ni una declaraci√≥n p√ļblica adversa. Pol√≠ticos, imanes, alumnos. Ese d√≠a, todos de acuerdo: Francia. Y ahora imaginen lo que habr√≠a ocurrido aqu√≠ en el caso ‚Äďsi hubiese habido cojones para aprobar esa ley, que lo dudo‚Äď de prohibirse el velo en las escuelas p√ļblicas espa√Īolas. Cada autonom√≠a, cada municipio y cada colegio aplicando la norma a su aire, unos s√≠, otros no, gobierno y oposici√≥n ment√°ndose los muertos, polic√≠as ante los colegios, demagogia, mala fe, insultos a las ni√Īas con velo, insultos a las ni√Īas sin velo, manifestaciones de padres, de alumnos, de sindicatos y de oeneg√©s lo mismo a favor que en contra, el Pep√© clamando Santiago y cierra Espa√Īa, el Pesoe con ochenta y seis posturas distintas seg√ļn el sitio y la hora del d√≠a, los obispos preguntando qu√© hay de lo m√≠o, ministros, consejeros y presidentes auton√≥micos compitiendo en decir imbecilidades, Llamazares largando simplezas sobre el federalismo intr√≠nseco del Islam, Maragall afirmando la existencia de un Mahoma catal√°n soberanista, Ibarretxe diferenciando entre musulmanes a secas y musulmanes y musulmanas vascos y vascas, y los programas rosa de la tele, por supuesto, analizando intelectualmente el asunto.
  157. Me llamo Boris Balkan y una vez traduje La Cartuja de Parma. Por lo dem√°s, las cr√≠ticas y recensiones que escribo salen en suplementos y revistas de media Europa, organizo cursos sobre escritores contempor√°neos en las universidades de verano, y tengo algunos libros editados sobre novela popular del XIX. Nada espectacular, me temo; sobre todo en estos tiempos donde los suicidios se disfrazan de homicidios, las novelas son escritas por el m√©dico de Rogelio Ackroyd, y demasiada gente se empe√Īa en publicar doscientas p√°ginas sobre las apasionantes vivencias que experimenta mir√°ndose al espejo.
  158. Me siento más en casa que si viajo a París, por ejemplo, no soy nada patriotero, pero es que para mí, mi nación es mi lengua y mi cultura.
  159. Mi impresión es que el siglo XX fue el siglo de la esperanza, donde había revoluciones por hacer, había cambios por intentar, victorias por conseguir, luchas por librar, pero esa esperanza fue derrotada. La segunda mitad del siglo XX y el principio del siglo XXI, ha sido la derrota de las grandes ideas que podrían haber trazado un horizonte más digno para la sociedad. Hemos perdido la batalla, somos siervos de un sistema que nos controla y nos asfixia, por eso me temo que ahora cuando hablan de movimiento, revolución, de sublevaciones, el asunto es que ya no es posible hacer una sublevación ideológica. No hay ninguna ideología que mueva a los oprimidos, a los pobres, a los parias de la tierra. La revolución de ahora solo puede ser la de la desesperación, la del rencor, la del ajustar cuentas. De darse una será mucho más brutal, porque no aspira a cambiar la sociedad, sino que aspira a vengarse.
  160. Mi memoria hist√≥rica tiene tres mil a√Īos, y el problema es que la memoria hist√≥rica analfabeta es muy peligrosa. Porque contemplar el conflicto del a√Īo 36 al 39 y la represi√≥n posterior como un elemento aislado, como un periodo concreto y estanco respecto al resto de nuestra historia, es un error, porque el cainismo del espa√Īol s√≥lo se entiende en un contexto muy amplio. Del a√Īo 36 al 39 y la represi√≥n posterior s√≥lo se explican con el Cid, con los Reyes Cat√≥licos, con la conquista de Am√©rica, con C√°diz… Separar eso, atribuir los males de un periodo a cuatro fascistas y dos generales es desvincular la explicaci√≥n y hacerla imposible.
  161. Mi opini√≥n puede resumirse si digo que, ahora que viene el Bicentenario de la Independencia Americana, creo que hay poco que celebrar all√≠. Aquella independencia nunca fue de los pobres ni los explotados, que siguieron si√©ndolo y lo siguen siendo todav√≠a, sino de las clases criollas dirigentes que se separaron de la metr√≥poli para no pagar impuestos y regir sus propios destinos. El pueblo s√≥lo fue carne de ca√Ī√≥n, pretexto para los demagogos, y no hizo sino cambiar de amos.
  162. Mientras hay muerte Рapuntó- hay esperanza.
  163. Nada define mejor la Espa√Īa de mi siglo, y la de todos, que la imagen del hidalgo pobre y miserable, muerto de hambre, que no trabaja porque es rebaje de su condici√≥n; y aunque ayuna a diario sale a la calle con espada, d√°ndose aires, y se echa migas de pan en la barba para que sus vecinos piensen que ha comido.
  164. Nada hay m√°s despreciable, ni peligroso, que un malvado que cada noche se va a dormir con la conciencia tranquila
  165. Nadie debería irse sin dejar una Troya ardiendo a sus espaldas.
  166. Nadie dijo que moverse por el perro mundo fuera fácil, ni gratuito. Y menos en tiempos como éstos.
  167. Nadie es el mismo al empezar un libro que al terminarlo, sea como lector o como escritor.
  168. Nadie puede ser sabio sin haber le√≠do por lo menos una hora al d√≠a, sin tener biblioteca por modesta que sea, sin maestros a los que respetar, sin ser lo bastante humilde para formular preguntas y atender con provecho las respuestas…
  169. Napole√≥n nos hizo polvo. En Espa√Īa hab√≠a un movimiento al que se llamaba ¬ęafrancesado¬Ľ y que reun√≠a a gente como Morat√≠n y Goya, culta, con ideas renovadoras, y la invasi√≥n provoc√≥ su aplastamiento. Hay que decirlo: buena parte de la culpa la tuvimos los espa√Īoles, porque no se trata s√≥lo de que llegara un rey malo que arras√≥ las libertades alcanzadas en la Constituci√≥n de 1812; sino de que los espa√Īoles tambi√©n las tiramos por la ventana. √Čste era un pa√≠s tan miserable, tan cobarde, tan inculto, que cuando recibi√≥ una constituci√≥n avanzad√≠sima, concebida en el papel por gente de bien y que le daba libertad, en vez de levantarse en su apoyo, se une al carro del despotismo y secunda a Fernando VII en la persecuci√≥n del esp√≠ritu liberal. [… ] Hay una excusa y es que la gente era analfabeta. Nadie le hab√≠a ense√Īado a pensar, estaba en manos de curas fan√°ticos, de reyes incapaces y de ministros corruptos. Igual se apu√Īalaba franceses que liberales y luego ibas a misa y te absolv√≠an. Pero ya no es as√≠, la educaci√≥n es universal y gratuita, existe internet, hay libros de bolsillo, el que quiera puede acceder a la cultura. Hoy es inculto el que quiere. El campesino que pegaba fuego a la iglesia de su pueblo y mataba al cacique en el a√Īo 36 quiz√° ten√≠a una explicaci√≥n hist√≥rica. Ya no; el que hace caso omiso al progreso y la solidaridad es por cobard√≠a, por apoltronamiento y por bajeza moral. Cuando gritamos ¬ę¬°Vivan las cadenas!¬Ľ es porque queremos tenerlas. En Espa√Īa nos sigue dando miedo la libertad responsable, aunque la otra nos encanta… Poder mearnos en la esquina nos pone.
  170. Ni en el siglo dieciocho ni ahora ‚ÄĒcontinu√≥ al cabo de un momento‚ÄĒ acepta nadie que su fracaso se deba a falta de talento, sino que ve injusticias, conspiraciones y desdenes por todas partes…
  171. No creo que muchos diputados hayan le√≠do un solo discurso de C√°novas, Sagasta, Prieto, Aza√Īa, Sagasta o Calvo Sotelo. Desconocen la tradici√≥n parlamentaria de la Restauraci√≥n y de la II Rep√ļblica. Estamos en manos de unos pol√≠ticos que est√°n haciendo una Espa√Īa virtual que no tiene nada que ver con la realidad. Si paras en cualquier taberna de pueblo o cualquier bar de carretera, all√≠ donde haya trabajadores, te das cuenta de un divorcio absoluto. Se han construido una Espa√Īa pol√≠tica s√≥lo para ellos, en la cual medran y se acuchillan, aunque luego se van a comer juntos tras el n√ļmero parlamentario. Y esto es indignante.
  172. No era el hombre m√°s honesto ni el m√°s piadoso, pero era un hombre valiente.
  173. No es lo mismo desvestir santos que vestirlos. Manejar ideas que afrontar hechos…
  174. No faltan en otras naciones, don Hermes… Lo que pasa es que √©stos duelen m√°s porque son nuestros.
  175. No hab√≠a piedad en ellos, ni siquiera esos √°pices de humanidad que a veces uno vislumbra incluso en los m√°s desalmados. Frailes, juez, escribano y verdugos se comportaban con una frialdad y un distanciamiento tan rigurosos que era precisamente lo que m√°s pavor produc√≠a; m√°s, incluso, que el sufrimiento que eran capaces de infligir: la helada determinaci√≥n de quien se sabe respaldado por leyes divinas y humanas, y en ning√ļn momento pone en duda la licitud de lo que hace. Despu√©s, con el tiempo, aprend√≠ que, aunque todos los hombres somos capaces de lo bueno y de lo malo, los peores siempre son aquellos que, cuando administran el mal, lo hacen ampar√°ndose en la autoridad de otros, en la subordinaci√≥n o en el pretexto de las √≥rdenes recibidas. Y si terribles son quienes dicen actuar en nombre de una autoridad, una jerarqu√≠a o una patria, mucho peores son quienes se estiman justificados por cualquier dios. Puestos a elegir con quien hab√©rselas a la hora, a veces insoslayable, de tratar con gente que hace el mal, prefer√≠ siempre a aquellos capaces de no acogerse m√°s que a su propia responsabilidad. Porque en las c√°rceles secretas de Toledo pude aprender, casi a costa de mi vida, que nada hay m√°s despreciable, ni peligroso, que un malvado que cada noche se va a dormir con la conciencia tranquila. Muy malo es eso. En especial, cuando viene parejo con la ignorancia, la superstici√≥n, la estupidez o el poder; que a menudo se dan juntos. Y a√ļn resulta peor cuando se act√ļa como ex√©geta de una sola palabra, sea del Talmud, la Biblia, el Alcor√°n o cualquier otro escrito o por escribir. No soy amigo de dar consejos ‚Äďa nadie lo acuchillan en cabeza ajena-, mas ah√≠ va uno de barato: desconf√≠en siempre vuestras mercedes de quien es lector de un solo libro.
  176. No le tolero eso. ‚ÄĒPues revise usted, si es tan amable, sus l√≠mites de tolerancia.
  177. No me digan que no es vergonzoso para la especie humana haber medido la distancia de la Tierra al Sol, haber pesado todos los planetas cercanos, y no haber descubierto las leyes fecundas que hacen la felicidad de los pueblos.
  178. No pudieron vencer a mis dolores las noches, ni dar paz a mis enojos…
  179. No quedaba más remedio que jugar la partida con las nueve cartas que el burlón destino acababa de ponerle en las manos, aunque éstas fueran pésimas.
  180. No todos los pueblos son igual de razonables para elegir su conveniencia o su desti√Īo, ni igual de c√≠nicos para justificarse despu√©s ante la Historia o ante s√≠ mismos. En cuanto a nosotros, fuimos hombres de nuestro siglo: no escogimos nacer y vivir en aquella Espa√Īa, a menudo miserable y a veces magn√≠fica, que nos toc√≥ en suerte; pero fue la nuestra.
  181. noche es neutral, se dijo. No toma partido por uno ni por otros, y ayuda a quien la pone de su lado. A quien la utiliza.
  182. Nos hacemos fotos, no con el objeto de recordar, sino para completarlas después con el resto de nuestras vidas. Por eso hay fotos que aciertan y fotos que no. Imágenes que el tiempo pone en su lugar, atribuyendo a unas su auténtico significado, y negando otras que se apagan solas, igual que si los colores se borraran con el tiempo.
  183. Odio a los cristianos que se han dejado matar en los circos romanos sin pelear. La lucha justifica la existencia del hombre. Un hombre que no lucha no es un hombre. Uno adquiere su dignidad enfrent√°ndose a la enfermedad, al horror, a la soledad, a la estupidez. El hombre tiene la obligaci√≥n moral de pelear contra todas las cosas negativas con las que la vida le rodea. La vida me ha hecho abandonar muchas cosas salvo el respecto por el valor. Entiendo por valor esa facultad humana de poder decir no, de negarse a rendirse, de luchar hasta el final por las convicciones. Luchar igualmente, sabiendo que en tu fusil ya no quedan cartuchos. La √ļnica verdadera virtud es el combate por la dignidad.
  184. Para bien o para mal, a despecho del turco, el franc√©s, el holand√©s, el ingl√©s y la puta que los pari√≥, Espa√Īa tuvo, durante un siglo y medio, bien agarrados a Europa y al mundo por las pelotas
  185. Para Falc√≥, palabras como patria, amor o futuro no ten√≠an ning√ļn sentido. Era un hombre del momento, entrenado para serlo. Un lobo en la sombra. √Āvido y peligroso. Despu√©s
  186. Percibí en su voz un tono que ya conocía bien: resignación y ausencia de ilusiones sobre el éxito o fracaso de la empresa; resolución fatigada, silenciosa, desprovista de interés salvo por los detalles técnicos, del soldado veterano dispuesto a afrontar con sencillez un mal rato que forma parte de su oficio.
  187. Pero el tiempo pasa, y dura. Y hay un momento en que todo se estanca. Los d√≠as dejan de contarse, la esperanza se desvanece… Es entonces cuando te conviertes en prisionero real. Profesional, por decirlo de alg√ļn modo. Un prisionero paciente.
  188. Por desconfiar, todavía no se ha muerto nadie.
  189. Por eso intento recordar cada día que a reyes y poderosos siempre hay que darles gracias, aunque no se tenga de qué, y nunca quejas, aunque se tenga de qué.
  190. por mucho que nuble, la sombra siempre termina despuntando cosida a los pies de uno. Y nadie puede escapar de su propia sombra.
  191. Porque el país en el que vivían no deseaba cambiar. Había demasiadas fuerzas oscuras tirando en dirección contraria.
  192. Porque la religi√≥n es la mayor forma de enga√Īo inventada por el hombre.
  193. Porque somos un pa√≠s de gilipollas gobernado desde hace siglos por mediocres, analfabetos y acomplejados. ¬ŅTe parece que lo he dicho lo bastante claro?
  194. Pues nunca, que yo sepa, hubo verbos que al m√°s avaro le dolieran en la bolsa.
  195. Que a perro flaco todo son pulgas, y los espa√Īoles no necesitamos a nadie para arruinarnos, pues siempre dominamos bien sobrados el finibusterre de hacerlo solos
  196. Que despu√©s de 13 a√Īos juntos, hecho polvo e inv√°lido el chucho de las patas traseras, le cogi√≥ la cabeza entre las manos, y el viejo labrador estuvo moviendo el rabo y mir√°ndolo a los ojos hasta el final, llev√°ndose su cara, su sonrisa y sus cinco litros de lagrimas, como ultima imagen de esta vida. ¬ŅY saben lo que les digo?… Podr√≠a desaparecer la humanidad entera. Podr√≠an diezmarnos las cat√°strofes y las guerras y caer chuzos de punta e irnos todos a tomar por saco, y el planeta Tierra no perder√≠a gran cosa. Al contrario: ganar√≠a en armon√≠a natural y en alivio. Pero cada vez que desaparece un animal silencioso, bueno y leal como era el perro del que les hablo — se llamaba Sombra —, este mundo de mierda resulta menos generoso, menos habitable y menos noble.
  197. Que ninguna bandera o compa√Ī√≠a es perfecta; e incluso en la de Cristo, que fue como √©l mismo se la quiso reclutar, hubo uno que lo vendi√≥, otro que lo neg√≥ y otro que no lo crey√≥.
  198. que t√ļ har√≠a un viaje largo, muy lejos… Y sepas lo que sepas, no lo cuentes ni bajo confesi√≥n. Si de esto se entera un cura, cuelga los h√°bitos, vende el secreto y se hace rico.
  199. quien mata de lejos lo ignora todo sobre el acto de matar. Quien mata de lejos ninguna lección extrae de la vida ni de la muerte: ni arriesga, ni se mancha las manos de sangre, ni escucha la respiración del adversario, ni lee el espanto, el valor o la indiferencia en sus ojos. Quien mata de lejos no prueba su brazo ni su corazón ni su conciencia, ni crea fantasmas que luego acudirán de noche, puntuales a la cita, durante el resto de su vida. Quien mata de lejos es un bellaco que encomienda a otros la tarea sucia y terrible que le es propia. Quien mata de lejos es peor que los otros hombres, porque ignora la cólera, y el odio, y la venganza, y la pasión terrible de la carne y de la sangre en contacto con el acero; pero también ignora la piedad y el remordimiento. Por eso, quien mata de lejos no sabe lo que pierde.
  200. Quien sólo se interesa por los libros no necesita a nadie, y eso me da miedo.
  201. Quizás los malvados se cansan tanto como los corazones leales, pensé un instante. A fin de cuentas, nadie elige su destino.
  202. Respecto a los perros, nadie que no haya convivido con ellos conocer√° nunca, a fondo, hasta d√≥nde llegan las palabras generosidad, compa√Ī√≠a y lealtad. Nadie que no haya sentido en el brazo un hocico h√ļmedo intentando interponerse entre el libro que est√°s leyendo y t√ļ, en demanda de una caricia, o haya contemplado esa noble cabeza ladeada, esos ojos grandes, oscuros, fieles, mirar en espera de un gesto o una simple palabra, podr√° entender del todo lo que me crepit√≥ en la sangre cuando le√≠ aquellas l√≠neas; eso de que en las peleas de perros, el animal, si su amo est√° con √©l, lo da todo.
  203. Respecto al vino, decía el capitán que ya tendría tiempo en la vida de beber hasta reventar, si lo quisiera, y que para eso nunca se le hacía demasiado tarde a un hombre;
  204. Reuni√≥n de pastores, dec√≠a el antiguo refr√°n espa√Īol, oveja muerta.
  205. Se acerca la hora de que este siglo levante cadalsos y afile el cuchillo -concluye-. Y no hay mejor piedra de amolar cuchillos que la letra impresa.
  206. Se mezclaron un mundo terrible y uno hermoso. Es una historia de la que podemos estar horrorizados y orgullosos al mismo tiempo.
  207. Sé que hay gente que mataría por mí y otra que no me soporta
  208. Ser espa√Īol y l√ļcido aparej√≥ siempre una seca soledad.
  209. Ser√≠a de justicia recordar que, en tiempos de oscuridad, siempre hubo hombres buenos que lucharon por traer a sus compatriotas las luces y el progreso… Y que no faltaron quienes procuraban impedirlo.
  210. Si la cuesti√≥n es que cuando no honras tu memoria, y los muertos forman parte de ella, est√°s deshonr√°ndote a ti mismo. Pero claro, t√ļ pones la televisi√≥n y ves lo que se ve, y te preguntas si de verdad nos importa algo G√°lvez, Blas de Lezo, los tercios, Rocroi‚Ķ En la vida que llevamos, en nuestras perspectivas del mundo actual, todo eso no tiene utilidad, ning√ļn atractivo, no. ¬ŅQu√© nos importa Blas de Lezo? ¬ŅQu√© ganamos con saber qui√©n fue? La vida que se nos est√° proponiendo como futuro no tiene nada que ver con esas otras vidas. Ese ejemplo no vale, ahora vale el futbolista que triunfa, la top model que consigue hacerse millonaria, el actor de cine, el cantante‚Ķ √©sos son los ejemplos que nos valen porque son los que la sociedad nos pone como objetivos que hay que imitar. Pero las virtudes de Blas de Lezo, el hero√≠smo de un t√≠o que est√° cargando con la Caballer√≠a al paso en el r√≠o Igan el d√≠a de Annual, G√°lvez atravesando solo con su bergant√≠n el paso de agua de Pensacola‚Ķ son ejemplos que no tienen utilidad pr√°ctica para el hombre moderno, solamente la tiene para algunos marginales que van¬≠‚Äďo vamos‚Äďquedando y que todav√≠a comparten viejos c√≥digos de comportamiento. Pero para el espa√Īol moderno, es hasta molesto, hasta inc√≥modo que le recuerdes que hubo un Blas de Lezo, y no les gusta que lo hagas, porque eres un aguafiestas y un facha, un gru√Ī√≥n.
  211. Si no temo perder lo que poseo, ni deseo tener lo que no gozo, poco de la fortuna en m√≠ el destrozo valdr√°, cuando me elija actor o reo. ¬†…
  212. Si nuestra ignorancia de la naturaleza creó a los dioses, el conocimiento de la naturaleza está hecho para destruirlos.
  213. Si un objeto cae, golpea los cuerpos que encuentra en su ca√≠da y les comunica movimiento seg√ļn su densidad… Si un nav√≠o navega de A hacia B, abate en su rumbo debido al factor C, integrado por el viento y la corriente… √Čse es el catecismo real. El √ļnico que sirve de algo.
  214. Siempre desconfío de quien no tiene ( o dice no tener) enemigos. Caminar es elegir. Elegir es arriesgarse. Arriesgarse es pelear. No tener (oficialmente) enemigos requiere mucha capacidad de succión. Que también tiene su mérito.
  215. Sigo creyendo que en el concilio de Trento Espa√Īa se equivoc√≥ de camino: mientras la Europa moderna apostaba por un Dios pr√°ctico, emprendedor, aqu√≠ fuimos rehenes de otro Dios reaccionario y siniestro, que nos hizo caminar en direcci√≥n opuesta al futuro mientras sus ministros propon√≠an quemar, fusilar, prohibir, desterrar costumbres, libros, ideas y hombres. Mientras saboteaban constituciones, bendec√≠an a generales carlistas o levantaban el brazo junto a caudillos paseados bajo palio. Y ah√≠ siguen. Mezclando a Dios con las cosas de comer. Disputando arrogantes y pertinaces, a estas alturas de Espa√Īa, cualquier conquista del sentido com√ļn, la libertad y la vida.
  216. Sobre Espa√Īa: “atormentada piel de toro espa√Īola, turbia y homicida, cuna de Ca√≠n,.
  217. Sobre Espa√Īa: “este paraje ingrato, envidioso y miserable, hist√≥ricamente enfermo. De esta ruin madrastra y sus turbios, desvergonzados, impunes secuaces.
  218. Sócrates y Séneca se suicidaron por inteligencia, y la Europa que ellos iluminaron se suicida por estupidez.
  219. Sólo dispongo de una vida, dijo. Un breve momento entre dos noches. Y el mundo es una aventura formidable que no estoy dispuesto a perderme.
  220. S√≥lo hay algo a lo que los hombres con cargos p√ļblicos, del rey al ministro, dice, temen m√°s que la educaci√≥n de sus s√ļbditos: la pluma de los buenos escritores.
  221. S√≥lo se trataba de cumplir las reglas ‚ÄĒdice mientras cierra el armario‚ÄĒ. La vida te sit√ļa ante ellas. Se asumen, se cumplen, y punto… Sin grandes gestos. Sin dramatismos.
  222. S√≥lo un Estado organizado y fuerte, protector de sus artistas, pensadores y cient√≠ficos, es capaz de proveer el progreso material y moral de una naci√≥n… Y √©se no es nuestro caso.
  223. Somos 45 millones de humoristas involuntarios.
  224. Son los hombres inspirados los que iluminan al pueblo, y los fanáticos quienes lo extravían.
  225. Soy de los que imaginan a una especie de dios borracho, o bromista cósmico, tronchándose de risa con los afanes de las miserables hormigas que corremos bajo su bota.
  226. Tal es, en mi opini√≥n ‚ÄĒprosigue‚ÄĒ, el patriotismo necesario en un joven militar… No el de esos matachines de sal√≥n que, creyendo que el amor a la patria es callar sus defectos y abrazar sus bajezas, sin haber visto m√°s fuego que el de su cigarro
  227. Tal vez su condici√≥n de viejo soldado ‚ÄĒhab√≠a peleado en Flandes y el Mediterr√°neo tras escapar de la escuela para alistarse como paje y tambor a los trece a√Īos‚ÄĒ dej√≥ impresa en √©l aquella manera tan suya de encajar el riesgo, los malos tragos, las incertidumbres y sinsabores de una vida bronca, dif√≠cil, con el estoicismo de quien se acostumbra a no esperar otra cosa.
  228. También ésta es la historia de mi vida, pensó, o parte de ella: buscar un taxi de madrugada, oliendo a mujer o a noche perdida, sin que una cosa contradiga la otra.
  229. Tan peligroso puede ser un est√ļpido ilustrado como un cateto a quien la inteligencia no le sirve para dejar de serlo.
  230. Todas las guerras son malas, pero la guerra civil es la peor de todas, pues enfrenta al amigo con el amigo, al vecino con el vecino, al hermano contra el hermano. Hace casi 80 a√Īos, entre 1936 y 1939, en tiempos de nuestros abuelos y bisabuelos, una espantosa guerra civil tuvo lugar en Espa√Īa. Caus√≥ miles de muertos, destruy√≥ hogares, arruin√≥ el pa√≠s y llev√≥ a mucha gente al exilio. Para evitar que tan desoladora tragedia vuelva a repetirse nunca es conveniente recordar c√≥mo ocurri√≥. As√≠, de aquella desgracia podr√°n extraerse conclusiones √ļtiles sobre la paz y la convivencia que jam√°s se deben perder. Lecciones terribles que jam√°s debemos olvidar.
  231. Todas las inquisiciones, sin distinción, se basan en el principio de la delación y la cobardía social. Porque lo malo no es siempre el fanático. Peores son quienes no lo son, pero desean congraciarse con él.
  232. Todas lo est√°n, me parece… En cuanto al silencio, sospecho que todo el tiempo nos juzgan, y por eso callan. ‚ÄĒ¬ŅSilencio de jueces? ‚ÄĒse yergue un poco don Herm√≥genes, interesado‚ÄĒ. Vaya… Eso parece digno de pensarse. ‚ÄĒAunque la mayor parte de sus veredictos, mucho me temo, oscilan entre la compasi√≥n y el desprecio.
  233. Todo el mundo -incluso los japoneses y, si me apuran, los norteamericanos- tiene derecho a viajar y a la cultura, suponiendo que viajar pueda todav√≠a considerarse cultura. [… ] Mas convendr√°n conmigo en que asomarse a una ventana del hotel Daniel de Venecia y encontrar los canales literalmente atestados por miles de japoneses en g√≥ndola, o vivir en el Crill√≥n de Par√≠s rodeado de fulanos de Arkansas que hablan por la nariz, llevan gorras de b√©isbol y preguntan d√≥nde est√° la fontana de Trevi, le quita el encanto a cualquier cosa
  234. Todos somos nacionalistas de algo: la lengua, la memoria, la cultura, la infancia. El f√ļtbol. Pero creo que el senador Maqueda hablaba de otro nacionalismo: el que se envuelve en la bandera local, el exclusivo y excluyente, el de nosotros y ellos. El patol√≥gico. El que manipula instintos y sentimientos para conseguir perversa rentabilidad pol√≠tica. Y por ah√≠, no. En ese sentido, algunos no nos sentimos nacionalistas en absoluto.
  235. Traer hijos a este mundo injusto, de esclavos, es sumar a todo una injusticia m√°s.
  236. transportaban en un solo viaje de ocho a doce toneladas con la complicidad de la policía, el ministerio de Defensa y la propia presidencia del Gobierno mejicano. Eran los tiempos felices de Carlos Salinas de Gortari, con los narcos traficando a la sombra de Los Pinos;
  237. Triste Espa√Īa ‚ÄĒcomenta, desolado‚ÄĒ. Basta alejarse unas leguas de cualquier ciudad para encontrarse entre b√°rbaros. ‚ÄĒNo faltan en otras naciones, don Hermes… Lo que pasa es que √©stos duelen m√°s porque son nuestros.
  238. Triste símbolo, aquellos anónimos muros de ladrillo, de toda una nación inculta dormida entre los escombros de su pasado, suicidamente satisfecha y prisionera de sí misma. Amarga lección póstuma, esa tumba olvidada.
  239. Un día, contemplando un cuadro de Rivera, me fijé en una india que cargaba un bebé con ojos azules, y pensé que ahí se explicaba muy bien el mestizaje.
  240. Un libertino ocupa el lugar social que otros muchos hombres no se atreven o no pueden ocupar… Les falta, o nos falta, lo que hay que tener.
  241. Un pueblo honrado no necesita que el gobierno lo divierta, sino que lo deje divertirse. ‚ÄĒPor
  242. Una biblioteca no es algo por leer, sino una compa√Ī√≠a ‚ÄĒdijo, tras dar unos pasos m√°s‚ÄĒ. Un remedio y un consuelo.
  243. Una civilizaci√≥n que renuncia a la posibilidad de recurrir a la violencia en sus pensamientos y acciones, se destruye a s√≠ misma. Se convierte en un reba√Īo de corderos, a degollar por el primero que pase.
  244. Una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa.
  245. Una guerra es un curso acelerado, intenso y bestial, sobre lo bueno y lo malo de la condición humana. Y creo que las generaciones que vivieron guerras o desastres son más despiertas y razonables que las otras. Han visto el lado oscuro y real de la vida, y saben temerlo, comprenderlo y asumirlo. Por eso nuestros abuelos y bisabuelos eran mejores personas que nosotros.
  246. Una mujer nunca es sólo una mujer, querido Max. Es también, y sobre todo, los hombres que tuvo, que tiene y que podría tener. Ninguna se explica sin ellos.
  247. Una mujer perspicaz ‚ÄĒcontin√ļa ella‚ÄĒ adivina al pedante en la tercera frase, y es capaz de ver el talento del que guarda silencio.
  248. Una verdad, una fe, una generación de hombres pasa, se la olvida, ya no cuenta. Excepto para aquellos pocos, tal vez, que creyeron esa verdad, profesaron esa fe o amaron a esos hombres. Joseph Conrad.
  249. Una vida, la suya, que tal vez alg√ļn d√≠a acabara por pasarle la factura de modo implacable, toc, toc, toc, se√Īor Falc√≥, le toca a usted abonar los gastos. Hasta aqu√≠ hemos llegado. Fin de la fiesta. En
  250. Una vuelta por cualquier barrio de M√©xico, por cualquier campo de Per√ļ, por la pampa rubia, y ver√°n que la miseria, el hambre y sobre todo la incultura siguen siendo las mismas.
  251. Ver√°s qu√© pocos fanatismos e ignorancias de pueblo y cabra de campanario sobreviven a una visita paciente a El Escorial, a una ma√Īana en el museo del Prado, a un paseo por los barrios viejos de Sevilla, a una cerveza bajo el acueducto de Segovia. Ll√©gate a la Costa de la Muerte y mira morir el sol como lo ve√≠an los antiguos celtas del Finis Terrae. Tapea en el casco viejo de San Sebasti√°n mientras consideras la posibilidad de que parte del castellano pudo nacer del intento vasco por hablar lat√≠n. Observa desde las ruinas romanas de Tarragona el mar por el que vinieron las legiones y los dioses, intuye en Extremadura por qu√© sus hombres se fueron a conquistar Am√©rica, sigue al Cid desde la catedral de Burgos a las murallas de Valencia, a los moriscos y sefard√≠es en su triste y dilatado exilio. En Granada, C√≥rdoba, Melilla, conv√©ncete de que el moro de la patera nunca ser√° extranjero para ti.
  252. Vinieron la Verdad y la Justicia a la tierra; la una no halló comodidad por desnuda, ni la otra por rigurosa. Anduvieron mucho tiempo así, hasta que la Verdad, depuro necesitada, asentó con un mudo. La Justicia, desacomodada, anduvo por la tierra rogando a todos, y viendo que no hacían caso de ella y que le usurpaban su nombre para honrar tiranías, determinó volverse huyendo al Cielo.
  253. Vino ajeno y miseria propia. El reposo breve de un guerrero.
  254. viva Espa√Īa y dem√°s, y angelitos al cielo o a donde tocara ir.
  255. Y a fin de cuentas, recuerde el viejo dicho. Tarde o temprano, los extremos se tocan.
  256. y al romper el alba les volamos con mina un baluarte con treinta fulanos dentro, despert√°ndolos de muy mala manera y demostrando que no a todo el que madruga Dios lo ayuda.
  257. y él murmuraba amen al tiempo que ellos, para que no se sintieran tan solos cuando caían al suelo y morían. Pero sus ojos claros y fríos estaban atentos a las ondulantes filas de la caballería enemiga
  258. Y es que diversi√≥n y educaci√≥n hacen a los ciudadanos laboriosos y responsables. Ayudan a eso los saraos p√ļblicos, caf√©s y casas de conversaci√≥n, juegos de pelota, teatros… ‚ÄĒY
  259. Y es que la Historia s√≥lo est√° muerta para los imb√©ciles, o para los que gallean de naci√≥n pero no comparten la palabra: mierdecillas aldeanos que, por defender la memoria propia, niegan y ofenden la de otros. O, peor a√ļn, la memoria que ellos mismos tienen en com√ļn con otros; que, adem√°s, suele ser casi toda.
  260. Y es verdad que cualquier detalle puede cambiar la vida: un camino que se toma, por ejemplo, o que se tarda en tomar a causa de una conversación, de un cigarrillo, de un recuerdo.
  261. Y fue entonces cuando el capit√°n de la Cuesta, que andaba fatal de lenguas extranjeras pero ten√≠a una memoria estupenda, dijo aquello de ¬ęni srinden, ni veijiven, ni la puta que los pari√≥, sin cuartel, se√Īores, acordaos, ni un hereje vivo en este reducto¬Ľ
  262. Y siguiendo con los Paulos Coelhos, que son muy peligrosos. Y no lo digo espec√≠ficamente por Paulo Coelho, que a m√≠ me cae bien en lo personal, sino por todo ese buen rollito, todo ese rollito del ¬ęvamos a besarnos todos en la boca y as√≠ llegaremos a la felicidad‚Ķ¬Ľ. ¬°Eso es mentira! ¬°Es mentira! Y crea una alienaci√≥n muy peligrosa. Prefiero mil veces la lucidez dolorida, que te permite estar alerta, antes que la ataraxia y el sue√Īo de los besitos, que no va a ninguna parte.
  263. Y supo de mujeres capaces de desmontar con minuciosidad de relojero los resortes que mueven a un hombre.
  264. Ya lo dec√≠an los griegos. Un pueblo libre y alegre ser√° naturalmente laborioso. ‚ÄĒExacto. Y a los buenos gobernantes corresponde no imponer, sino garantizar esa clase de felicidad. ‚ÄĒEn
  265. Ya no había nada que él pudiera hacer, así que se dejó ir resignado, triste, como quien se desliza a lo largo de un pozo profundo y oscuro. Hasta
  266. Yo he visto arder muchas bibliotecas, muchas ciudades bombardeadas, y he visto mundos enteros irse al carajo con apretar un bot√≥n. Eso me ha liberado de incertidumbres y me ha dado seguridad. Qu√© paradoja m√°s grande: una de esas seguridades es que da lo mismo. Hay gente empe√Īada en construir obras literarias, acueductos o catedrales con la intenci√≥n de pervivir. Est√°n equivocados. Todo es m√°s simple: yo escribo, tengo una biblioteca y navego. √Čsa es mi vida, me basta y me sobra. Pretender universalidades, trascendencias, reconocimientos…
  267. Yo nazco en Cartagena, una ciudad a orillas del Mediterr√°neo con m√°s de tres mil a√Īos de historia. Y nazco en una biblioteca, en la de mi abuelo, en donde est√°n las historias de ese mar; las historias de las Cruzadas y de los griegos y del Peloponeso y de la batalla de Salamina. De los corsarios, de los berberiscos‚Ķ Para m√≠, el mar es escuela, es memoria, es historia. Y es mi casa.
  268. Yo no tengo ideología, amigo mío. Yo lo que tengo es biblioteca.
  269. Yo quer√≠a remarcar en Ojos azules la brutalidad. Esa Am√©rica nueva nace de la brutalidad. Esos espa√Īoles fueron a lo que fueron: por el oro y por las indias. Pero sin quererlo ni pretenderlo, en ese episodio brutal, terrible, cruel y sangriento que fue la conquista de Am√©rica, por ambas partes, se gest√≥ algo nuevo. En ese vislumbrar la modernidad por algunos indios, como los tlaxcaltecas, que decidieron que el futuro y la modernidad eran los espa√Īoles y lucharon a su lado si√©ndoles fieles, incluso en esa noche tr√°gica. En ese mundo tan confuso y apasionante, en ese amanecer de un mundo nuevo se produce un mestizaje

Ultima actualización:  24 de febrero de 2019

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