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¿QUIEN FUE LUIS DE GONGORA

Poeta clave en la literatura del Siglo de Oro español. 

Dramaturgo del culteranismo o gongorismo, cuya obra y enseñanza será imitada el resto de los siglos desde sus contemporáneos.

Nombre de Nacimiento:

Luis de Góngora y Argote

Fecha de Nacimiento:

El 11 de julio de 1561

Fecha de Fallecimiento:

El 23 de mayo de 1627 (a los 65 años de edad)

Lugar de Nacimiento:

En Córdoba, España

Lugar de Fallecimiento:

En Córdoba, España

LAS MEJORES FRASES

DE LUIS DE GONGORA EN IMÁGENES:

BIOGRAFÍA:

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LIBROS SOBRE LUIS DE GONGORA:

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LOS LUGARES PRINCIPALES EN LA VIDA DE LUIS DE GONGORA:

Lugar de nacimiento y fallecimiento: Córdoba, España.

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LAS MEJORES CITAS CÉLEBRES DE LUIS DE GONGORA EN TEXTO:

  1. !Oh paredes, con quien el fuerte Atlante, que ya sostuvo estrellas, sus espaldas trocara de diamante¡ Vosotras incluís dos luces bellas, tales, que abrevia el cielo 20, sus faroles clarísimos en ellas.
  2. ¡Oh bienaventurado albergue, a cualquier hora! No en ti la Ambición mora,
  3. ¡Oh Duque esclarecido! templa en sus ondas tu fatiga ardiente
  4. ¡Qué impertinente clausura y qué propiamente error, fabricar de ajenos yerros las rejas de su prisión!
  5. ¿A qué piensas, barquilla, pobre ya cuna de mi edad primera, que cisne te conduzco a esta ribera? A cantar dulce, y a morirme luego. si te perdona el fuego que mis huesos vinculan, en su orilla, tumba.
  6. A batallas de amor, campo de pluma.
  7. A la una los pies beso y al otro las manos pido: pues en ellas veo que están, según mi ventura quiso, las llaves del paraíso de este venturoso Adán.
  8. A pesar luego de áspides volantes, sombra del Sol y tósigo del viento, de Caribes flechados, sus banderas, siempre gloriosas, siempre tremolantes,
  9. A trueco de verlos idos, como soy la que interesa, sé decir que no me pesa que vayan favorecidos.
  10. Agradecido, pues, el peregrino, deja el albergue y sale acompañado.
  11. Al galán novio el montañés presenta su forastero, luego al venerable
  12. Ándeme yo caliente y ríase la gente.
  13. Árbitro Alcides en sus ramas, dudo que el caso decidiera, bien que su menor hoja un ojo fuera del lince más agudo.
  14. Argos es siempre atento a su semblante, lince penetrador de lo que piensa, cíñalo bronce o mírelo diamante, que en sus paladiones amor ciego, sin romper muros introduce fuego.
  15. Arroyo, ¿en qué ha de parar tanto anhelar y subir? acabar sin caudales y sin nombres, para ejemplo de los hombres.
  16. Belga gentil, prosigue al hurto noble; que a su materia perdonará el fuego, y el tiempo ignorará su contextura. Los siglos que en sus hojas cuenta un roble, árbol los cuenta sordo, tronco ciego; quien más ve, quien más oye, menos dura.
  17. Besó la raya, pues, el pie desnudo del suelto mozo y, con airoso vuelo,
  18. Breve esplendor de mal distinta lumbre; farol de una cabaña que sobre el ferro está, en aquel incierto golfo de sombras, anunciando el puerto va.
  19. Celosa estás, la niña, celosa estás de aquel dichoso, pues lo buscas, ciego, pues no te ve.
  20. Cera y cáñamo unió (que no debiera), cien cañas, cuyo bárbaro ruido, demás ecos que unió cáñamo y cera alboque es duramente repetido; la selva se confunde, el mar se altera, rompe Tritón su caracol torcido, sordo huye el bajel a vela y remo; tal la música es de Polifemo.
  21. Como aré y sembré cogí: aré un alterado mar, sembré en estéril arena, cogí vergüenza y afán.
  22. Como consulta la dama con el espejo su tez, ¿no consultará una vez con la honestidad de su fama?
  23. Con gusto el joven y atención lo oía, cuando torrente de armas y de perros
  24. Corderillos os brote la ribera, que la hierba menuda y las perlas exceda del rocío su número, y del río la blanca espuma, cuantos la tijera vellones les desnuda.
  25. Coros tejiendo, voces alternando, sigue la dulce escuadra montañesa. 
  26. Cuando cubra las montañas de blanca nieve el enero, tenga yo lleno el brasero de bellotas y castañas, y quien las dulces patrañas del rey que rabió me cuente… Y ríase la gente.
  27. Cuando, entregado el mísero extranjero en lo que ya del mar redimió fiero.
  28. Dame ya, sagrado mar, a mis demandas respuesta, que bien puedes, si es verdad que las aguas tienen lenguas.
  29. De este real paraíso verde jaula es un laurel de tres dulces ruiseñores que cantan a dos y a tres.
  30. De Júpiter compulsen: que aun en lino, ni a la pluvia luciente de oro fino,
  31. De sitio mejorada, atenta mira en la disposición robusta aquello que, si por lo suave no lo admira, es fuerza que lo admire por lo bello.
  32. De una encina embebido en lo cóncavo, el joven mantenía la vista de hermosura, y el oído de métrica armonía.
  33. Deja de su esplendor, deja desnudo, de su frondosa pompa al verde aliso.
  34. Del Océano, pues, antes sorbido, Y luego vomitado /No lejos de un escollo coronado /De secos juncos, de calientes plumas -Alga todo y espumas- Halló hospitalidad donde halló nido /De Júpiter el ave. 
  35. Del perezoso arroyo el paso lento, en cuanto él hurta blando, entre los olmos que, robustos, besa, 
  36. Del siempre en la montaña opuesto pino /Al enemigo Noto
  37. Del verde margen otra las mejores rosas traslada y lilios al cabello,
  38. Desnudo el joven, cuanto ya el vestido océano ha bebido restituir le hace a las arenas.
  39. Digna la juzga esposa de un héroe, si no augusto, esclarecido, el joven, al instante arrebatado a la que, naufragante y desterrado, lo condenó a su olvido. 
  40. Dos veces eran diez, y dirigidos, a dos olmos que quieren, abrazados,
  41. Durmió, y recuerda al fin cuando las aves, esquilas dulces de sonora pluma,
  42. El arco del camino, pues, torcido que habían, con trabajo, por la fragosa cuerda del atajo las gallardas serranas desmentido. 
  43. El bosque dividido en islas pocas, fragrante productor de aquel aroma
  44. El can ya, vigilante, convoca despidiendo al caminante, y la que desviada.
  45. El dulce alterno canto a sus umbrales revocó felices
  46. El dulce lamentar de dos pastores, Salicio, juntamente y Nemoroso, he de contar, sus quejas imitando; cuyas ovejas al cantar sabroso estaban muy atentas, los amores, de pacer olvidadas, escuchando.
  47. El juïcio, al de todos indeciso, del concurso ligero, el padrino, con tres de limpio acero cuchillos corvos, absolvello quiso.
  48. El mayor fiscal de mi obra soy yo.
  49. El tercio casi de una milla era la prolija carrera que los hercúleos troncos hace breves, pero las plantas leves de tres sueltos zagales la distancia sincopan tan iguales, que la atención confunden judiciosa.
  50. En tanto, pues, que el palio neutro pende y la carroza de la luz desciende.
  51. Era del año la estación florida , en que el mentido robador de Europa.
  52. Esfinge bachillera que hace hoy a Narciso ecos solicitar, desdeñar fuentes;
  53. Estas que me dictó rimas sonoras, culta sí, aunque bucólica.
  54. Esto de enmendar costumbres es peligroso y violento.
  55. Estos árboles, pues, ve la mañana, mentir florestas y emular viales, cuantos muró de líquidos cristales, agricultura urbana.
  56. Galatea lo diga, salteada. Más agradable, menos zahareña, al mancebo levanta venturoso, dulce ya concediéndole y risueña paces no al sueño, treguas sí al reposo, lo cóncavo hacia de una peña a un fres.
  57. Goza cuello, cabello, labio y frente; antes que lo que fue en tu edad dorada.
  58. Hasta en las flores existe la diferencia de suerte. unas embellecen la vida y otras adornan la muerte.
  59. Hasta la sabiduría vende la Universidad.
  60. Honre suave, generoso nudo, libertad de Fortuna perseguida, que, a tu piedad Euterpe agradecida, su canoro dará dulce instrumento,
  61. Hoy hacen amistad nuevo, más por Baco que por Febo, don Francisco de Quevedo don Félix Lope de Vega.
  62. Hurtas mi vulto y, cuanto más le debe a tu pincel, dos veces peregrino, de espíritu vivaz el breve lino en las colores que sediento bebe, vanas cenizas temo al lino breve.
  63. Imperïoso mira la campaña un escollo, apacible galería
  64. La gaita al baile solicita el gusto, a la voz el salterio; cruza el Trión más fijo el hemisferio y, el tronco mayor danza en la ribera; el Eco, voz ya entera. 
  65. la gente parecía que hospedó al forastero. Con pecho igual de aquel Candor primero, que, en las selvas contento, tienda el fresno le dio, el robre alimento.
  66. la paz del conejuelo temeroso: trofeo ya su número es a un hombro, si carga no, y asombro.
  67. La vida es ciervo herido que las flechas le dan alas.
  68. las blancas hijas de sus conchas bellas, mas los que lograr bien no supo Midas, metales homicidas.
  69. Las flores a las personas ciertos ejemplos les den; que puede ser yermo hoy el que fue jardín ayer.
  70. Las palabras, cera; las obras acero.
  71. Lestrigones el istmo, aladas fieras, el istmo que el Océano divide 
  72. Llegó todo el lugar y, despedido, casta Venus, que el lecho ha prevenido 
  73. Llegó y, a vista tanta obedeciendo la dudosa planta, inmóvil se quedó sobre un lentisco, verde balcón del agradable risco.
  74. Llorando la ausencia del galán traidor la halla la luna y la deja el sol, añadiendo siempre pasión a pasión, memoria a memoria, dolor a dolor.
  75. Lo que lloró la Aurora, si es néctar lo que llora, y, antes que el Sol, enjuga
  76. Los fuegos, cuyas lenguas, ciento a ciento, desmintieron la noche algunas horas, cuyas luces, del Sol competidoras, fingieron día en la tiniebla oscura, murieron y, en sí mismos sepultados, sus miembros, en cenizasdesatados, piedras son de su misma sepultura.
  77. los novios, del vecino templo santo. Del yugo aun no domadas las cervices.
  78. luz el reflejo, el agua vidrïera. Términos le da el sueño al regocijo, mas el cansancio no, que el movimiento verdugo de las fuerzas es, prolijo.
  79. luz poca pareció, tanta es vecina, que yace en ella la robusta encina, mariposa en cenizas desatada.
  80. Mal te perdonarán a ti las horas, las horas que limando están los días, los días que royendo están los años.
  81. Manda amor en su fatiga que se sienta y no se diga; pero a mí más me contenta que se diga y no se sienta.
  82. media luna las armas de su frente, y el Sol todo los rayos de su pelo, luciente honor del cielo, en campos de zafiro pace estrellas, cuando el que ministrar podía la copa a Júpiter mejor que el garzón de Ida, náufrago y desdeñado sobre ausente, lagrimosas de amor dulces querellas /da al mar; que condolido, fue a las ondas, fue al viento el mísero gemido, segundo de Arión dulce instrumento. 
  83. Mira que la edad miente, mira que del almendro más lozano parca es interior breve gusano.
  84. Muda la admiración, habla callando, y, ciega, un río sigue, que -luciente de aquellos montes hijo- con torcido discurso, aunque prolijo tiraniza los campos útilmente.
  85. Músicas hojas viste el menor ramo del álamo que peina verdes canas.
  86. Negras pizarras entre blancos dedos, ingenïosa hiere otra, que dudo que aun los peñascos la escucharan quedos. Al son, pues, deste rudo sonoroso instrumento.
  87. ni al blanco cisne creo. Ven, Himeneo, ven; ven Himeneo.
  88. ni la que en salvas gasta, impertinentes, a pólvora del tiempo más preciso:
  89. Ninfas bellas y Sátiros lascivos, los desposados a su casa vuelven, que coronada luce de estrellas fijas, de astros fugitivos que en sonoroso humo se resuelven.
  90. No bien, pues, de su luz los horizontes que hacían desigual, confusamente, montes de agua y piélagos de montes, desdorados los siente,
  91. no céfiros en él, no ruiseñores lisonjear pudieron breve rato al montañés, que, ingrato al fresco, a la armonía y a las flores.
  92. No el polvo desparece el campo, que no pisan alas hierba; es el más torpe una herida cierva, el más tardo la vista desvanece y, siguiendo al más lento, cojea el pensamiento.
  93. No el sitio, no, fragoso, no el torcido taladro de la tierra privilegió en la sierra 
  94. No excedía la oreja el pululante ramo del ternezuelo gamo que mal llevar se deja, y con razón, que el tálamo desdeña la sombra aun de lisonja tan pequeña.
  95. No fuera menor; y en suma si no queréis sea mi pluma la azada de vuestra huesa, no me tengáis más en calma, que del cuerpo es quien os cura tan confesor, como el cura es el médico del alma.
  96. No hay silencio a que pronto no responda; fanal es del arroyo cada onda.
  97. No, pues, de aquella sierra, engendradora más de fierezas que de cortesía.
  98. Nota: acusando a sus rivales y de bebedores.
  99. o el Austro brame, o la arboleda cruja.
  100. o por lo matizado o por lo bello, si Aurora no con rayos, Sol con flores.
  101. Otra con ella montaraz zagala juntaba el cristal líquido al humano por el arcaduz bello de una mano que al uno menosprecia, al otro iguala.
  102. Padre de la que en sí bella se esconde con ceño dulce y, con silencio afable.
  103. Pasos de un peregrino son, errante, cuantos me dictó versos dulce musa en soledad confusa, perdidos unos, otros inspirados.
  104. Pasos otro dio al aire, al suelo coces  y, premïados gradüadamente, advocaron a sí toda la gente. Cierzos del llano y Austros de la sierra, mancebos tan veloces, que cuando Ceres más dora la tierra, y argenta el mar, desde sus grutas hondas. 
  105. Pintadas aves, cítaras de pluma, coronaban la bárbara capilla, mientras el arroyuelo, para oílla, hace de blanca espuma tantas orejas cuantas guijas lava 
  106. Por cuerdo te juzgaba, aunque poeta.
  107. Purpúreas rosas sobre Galatea el alba entre lirios cándidos deshoja; duda el amor cuál más su color sea, o púrpura nevada o nieve roja; de su frente la perla es eritrea, émula vana; el ciego dios se enoja, y, condenado su esplendor, la deja pender en oro al nácar de su oreja.
  108. Que junte un rico avariento los doblones ciento a ciento bien puede ser; mas que el sucesor gentil no los gaste mil a mil, no puede ser.
  109. Que sea médico más grave quien más aforismos sabe, bien puede ser; mas que no sea más experto el que más hubiere muerto, no puede ser.
  110. Quién la cerviz oprime con la manchada copia de los cabritos más retozadores,
  111. Quién, de graves piedras las duras manos impedido, su agilidad pondera; quién sus nervios desata estremeciéndose gallardo.
  112. Segundos leños dio, a segundo polo en nuevo mar, que le rindió no sólo.
  113. Seña brillante no de monarquía a el femenil enjambre ostentar deja /a la que, en sus dos alas, rubia abeja, más oro ofrece al día.
  114. Serénense tus ojos, y más perlas no des, porque al sol le está mal lo que a la aurora bien.
  115. Si basta un solo cabello para atar mi voluntad, sin que haya necesidad de echarme cadena al cuello.
  116. Si mucho poco mapa le despliega, mucho es más lo que, nieblas desatando, confunde el sol y la distancia niega.
  117. Sirenas de los montes su concento, a la que menos del sañudo viento, pudiera antigua planta temer ruina o recelar fracaso, pasos hiciera dar el menor paso, de su pie o su garganta.
  118. Sobre dos hombros larga vara ostenta en cien aves cien picos de rubíes.
  119. Solícita Junón, Amor no omiso, al son de otra zampoña que conduce
  120. Tal, diligente, el paso, el joven apresura, midiendo la espesura con igual pie que el raso, fijo, a despecho de la niebla fría, en el carbunclo norte de su aguja,
  121. Tan ligero el corzo es, que no da menos enojos el seguillo con los ojos que alcanzallo con los pies; y así por mi cuenta hallo que, si consientes decillo, hizo más que tú en herillo, la saeta en alcanzallo. Mas quede el brazo contento, camila, pues que de hoy más, aunque imposible, podrás decir que has herido al viento.
  122. Terceto final del soneto que comienza Menos solicitó veloz saeta.
  123. Traten otros del gobierno del mundo y sus monarquías, mientras gobiernan mis días mantequillas y pan tierno, y las mañanas de invierno naranjada y aguardiente…
  124. Tú, ave peregrina, arrogante esplendor -ya que no bello- del último occidente: penda el rugoso nácar de tu frente sobre el crespo zafiro de tu cuello, que himeneo a sus mesas te destina.
  125. Veloz, intrépida ala, menos cansado que confuso, escala. 
  126. Ven, Himeneo, y las volantes pías que azules ojos con pestañas de oro
  127. Vence la noche al fin, y triunfa mudo el silencio, aunque breve, del ruido.
  128. Vencida al fin la cumbre, del mar siempre sonante, de la muda campaña.
  129. Venus hipócrita es. La fuente deja el narciso que no es poco para él, y ya no se mira a sí, admirado lo que ve.
  130. Vivid felices, largo curso de edad nunca prolijo; y si prolijo, en nudos amorosos siempre vivid esposos.
  131. Y por vida de tus ojos, que son de mis ojos vida, que nuestra amistad despida cualquier ocasión de enojos.
  132. Y los que por las calles espaciosas fabrican arcos rosas: oblicuos, nuevos, pénsiles jardines, de tantos como víolas jazmines.
  133. Yace aquí, Flor, un perrillo que fue en un catarro grave de ausencia, sin ser jarabe, lamedor de culantrillo.
  134. Yacen ahora, y sus desnudas piedras visten piadosas yedras,
  135. Yo no canto, madre, y si canto yo, muy triste endechas mis canciones son.

Ultima actualización:  20 de noviembre de 2018

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